Cuenta la leyenda que alguna vez hice las cosas bien: cuando tenía 5 años, porque antes lloraba mucho y después me mande muchos mocos. Te invito a enterarte de mis porrazos, hay que aclarar que no soy buena ciclista y que por eso me caigo mucho en este camino donde hay más piedras que parches para las ruedas de mi bicicleta. A pesar de todas las trabas, yo sigo sonriendo cuando el sol me da en la cara y cuando la brisa me despeina y acariciándome me asegura que siempre va a estar
miércoles, 19 de febrero de 2014
Gotas de lluvia
La gota de lluvia que te acaricia que te moja, mientras todo se vuelve un caos; las madres gritando a los cuatro vientos que se entre la ropa que está colgada en las sogas del patio donde daba el sol y el aire para que se sequen; los peatones que corren despavoridos en busca de techos que los refugien de la "atroz" lluvia. El comerciante que putea porque junto con el agua se le disuelven las expectativas que tenía de ventas para ese día. Porque cuando llueve la ciudad se paraliza, se detienen las miradas en esas miles de gotitas que se avalanzan sin blanco específico, que caen como paracaídistas sin saber el revuelo que arman, sin esperar que las eviten de diversas formas. Con techos de edificaciones, o techos móviles, sean autos, paraguas, colectivos, capuchas, todos tratan de evitar que esas gotas tan inocentes los toquen.
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