Cuenta la leyenda que alguna vez hice las cosas bien: cuando tenía 5 años, porque antes lloraba mucho y después me mande muchos mocos. Te invito a enterarte de mis porrazos, hay que aclarar que no soy buena ciclista y que por eso me caigo mucho en este camino donde hay más piedras que parches para las ruedas de mi bicicleta. A pesar de todas las trabas, yo sigo sonriendo cuando el sol me da en la cara y cuando la brisa me despeina y acariciándome me asegura que siempre va a estar
lunes, 19 de enero de 2015
perder y/o ganar.
Alguna vez, quizás, puede que me haya puesto a pensar que perdía cuando perdía, probablemente siempre piense qué pierdo cuando pierdo. Pero, ¿Qué pierdo cuando gano? ¿Qué gano cuando gano? ¿Y si perdiera siempre y en realidad ganara? entonces ganaría y dejaría de perder y cuando en un principio sea ganar en realidad sería perder, y no hay forma de saber cuando es ganar y cuando es perder, menos si se intenta abarcar todos los puntos de vistas y universalizar las situaciones y las ganancias y las pérdidas. Puede que se pueda decir que se gana experiencia siempre, hasta cuando perdes. Creo que perder no es tan malo, que siempre tiene su lado bueno, creo que prefiero perder, aunque no todo, claro. Porque si ganas cuando perdes cuando ganas también perdes y apartir de eso seguís ganando y perdiendo eternamente hasta que el segundo ese se termine, hasta que la cadena termine en una bomba de partículas en el espacio, o en nada, o en una hormiga que ya no tiene hormiguero. Cuando se gana se pierde, y cuando se pierde también se gana. No hay decisión que evada las pérdidas o las ganancias, no son impuestos, es vivir. No quiero ganar para no perder, quiero perder para en realidad ganar, porque no me gusta perder, no quiero perder, ni tampoco ganar todo, no quiero ganar lo malo, eso es lo que hay que perder, no me quiero perder lo bueno, eso lo quiero ganar.
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