Perdimos cuando definimos que ser maestro era una conveniencia y no una vocación.
Perdimos cuando elegimos las profesiones por las retribuciones económicas que íbamos a recibir y no por el placer de realizarlas.
Perdimos cuando dejamos que otros elijan por nosotros.
Perdimos cuando dejamos de ver al otro como un otro y lo vimos como una herramienta.
Perdimos cuando le dejamos todo al destino, y no actuamos más.
Perdimos cada vez que le echamos la culpa a cupido de siempre enamorarnos del mismo prototipo de persona.
Perdimos todas las veces que no nos hicimos cargo de lo que hicimos.
Perdimos cuando no tratamos de aprender más.
Perdimos desde esa vez que empezamos a mirar más el otro, sin darnos cuenta que los que miraron primero fuimos nosotros.
Perdimos y vamos a seguir perdiendo.
Ganamos cada vez que sonreímos con todas las ganas.
Ganamos cuando sabemos que dimos todo, aunque no haya sido suficiente, pero no había más para dar y lo quisimos dar.
Ganamos cuando no criticamos al otro y tampoco nos miramos el ombligo.
Ganamos cuando acariciamos a un perro por el hecho de ser perro.
Ganamos cuando no pensamos en si va a haber consecuencias positivas para nosotros y actuamos igual.
Ganamos cuando queremos ayudar al otro.
Ganamos cuando decidimos.
Ganamos cuando nos la jugamos.
Ganamos cuando recibimos abrazos de personas que nos llenan.
Ganamos cuando podemos transmitir lo que pensamos.
Ganamos cuando bailamos libres.
Ganamos cuando no nos encierran los estereotipos.
Ganamos cuando nos dejamos sentir.
Ganamos cuando nos damos cuenta que la educación es la base.
Ganamos cuando podemos darnos cuenta que los políticos no son todos buenos, y podemos hacer algo.
Ganamos cuando nos despertamos de las mentiras.
Ganamos cuando somos conjunto.
Ganamos cuando nos dejamos ser frente a un otro, y cuando un otro se deja ser con nosotros.
Ganamos un poquito de humildad cuando perdemos.
Ganamos cuando somos fuertes y resistimos.
Ganamos cuando nos damos cuenta que no damos más y nos quebramos.
Perdimos cuando elegimos las profesiones por las retribuciones económicas que íbamos a recibir y no por el placer de realizarlas.
Perdimos cuando dejamos que otros elijan por nosotros.
Perdimos cuando dejamos de ver al otro como un otro y lo vimos como una herramienta.
Perdimos cuando le dejamos todo al destino, y no actuamos más.
Perdimos cada vez que le echamos la culpa a cupido de siempre enamorarnos del mismo prototipo de persona.
Perdimos todas las veces que no nos hicimos cargo de lo que hicimos.
Perdimos cuando no tratamos de aprender más.
Perdimos desde esa vez que empezamos a mirar más el otro, sin darnos cuenta que los que miraron primero fuimos nosotros.
Perdimos y vamos a seguir perdiendo.
Ganamos cada vez que sonreímos con todas las ganas.
Ganamos cuando sabemos que dimos todo, aunque no haya sido suficiente, pero no había más para dar y lo quisimos dar.
Ganamos cuando no criticamos al otro y tampoco nos miramos el ombligo.
Ganamos cuando acariciamos a un perro por el hecho de ser perro.
Ganamos cuando no pensamos en si va a haber consecuencias positivas para nosotros y actuamos igual.
Ganamos cuando queremos ayudar al otro.
Ganamos cuando decidimos.
Ganamos cuando nos la jugamos.
Ganamos cuando recibimos abrazos de personas que nos llenan.
Ganamos cuando podemos transmitir lo que pensamos.
Ganamos cuando bailamos libres.
Ganamos cuando no nos encierran los estereotipos.
Ganamos cuando nos dejamos sentir.
Ganamos cuando nos damos cuenta que la educación es la base.
Ganamos cuando podemos darnos cuenta que los políticos no son todos buenos, y podemos hacer algo.
Ganamos cuando nos despertamos de las mentiras.
Ganamos cuando somos conjunto.
Ganamos cuando nos dejamos ser frente a un otro, y cuando un otro se deja ser con nosotros.
Ganamos un poquito de humildad cuando perdemos.
Ganamos cuando somos fuertes y resistimos.
Ganamos cuando nos damos cuenta que no damos más y nos quebramos.