martes, 9 de mayo de 2017

Llamas.

Llamas, pero sin acento, pero vos no, ellas. Danzan, juegan, tienen son y no ton, o al revés. Pero llamas. Rojas, naranjas, verdes y azules. Llamas. Y el teléfono no suena. Y nos movemos, y estamos llegando a donde quiero que lleguemos, y no hay nada que nos frene, es inevitable, o quizás no tanto, porque un rayo, un perro, una vaca, una persona, porque.
Pero al final pasamos. Y ya pasó. Y llamas, que lamen sin lengua, o sin labios, porque hay lenguas, lenguas de llamas, sin palabras. Y pasamos y todo pasó, o no todo, pero lo que estaba esperando. Y esperé que llamaras, pero llamas y no llamás, ni llamaste, o no sonó, o no a mí. Y el viaje lo veo desde un pedacito chiquito. Con dos ventanitas descubro, y a partir de una fracción veo el afuera, pero hay afuera que no me importa, afuera de mí y al lado, y hay afuera que no veo. Y veo, veo que no veo mientras veo la escarcha, fenómeno tan opuesto a llamas y a que llames, me da que es magia, me da que es arte. Y espero, con tantos "peros" a flor de labios, y no perros, entiéndase bien, son peros, son trabas, me da ansiedad que lleguen las cosas, y si no llegan también, y cuando llegan ya están, son un kilómetro que espere por llegar y ya lo pasé, sin frenar. Como el del árbol, el de mi árbol, el que quedó, el que pasó y apenas vi, el que quedó atrás, como la espera por verlo, o tal vez no. Pero llamas sí, las veo, en esa irrealidad que es el ver en el pasado, o con toda esa realidad que es ver en el pasado. Cenizas después de las llamas, y todo el bosque estuvo llamando, clamando por auxilio y en llamas, e igual fue lamido, absorbido, y desapareció aún estando. Y vos, vos no llamas, y no estás pero tampoco desapareciste ¿habrás coordinado con el bosque para ser lo contrario?. 
Y a decir verdad no quería que llamaras, pero está sonando el teléfono y tiene tu foto ¿quién quería que llamaras? ¿qué querrás?