lunes, 30 de abril de 2018

Extraño(te) a.

Hay días, como hoy, en los que las pantallas llaman, la dependencia, la evitación, el deseo de encontrar eso que ahí ya no está. Eso que se perdió entre lágrimas y humo de cigarrillos. No hay helado que lo tape, no hay canción que haga sanar, no hay película que contribuya a evadir totalmente. El pozo es grande, quizás hostil. Puede, tal vez, que quiera abrazos para tapar todos esos agujeros que no estaba mirando. Ahora, hoy, los dedos están abriendo las heridas, cae la sal, y arden, pero no parecen cicatrizar, no a corto plazo no hoy. Y la cura placebo que hubo este tiempo consistía en besos, abrazos y mimos, pero ya no está. Hay que (se supone al menos) enfrentar, afrontar, poner la cara y dejar a las heridas arder. Mientras hay fuego que arde por dentro las sonrisas se piden con obligatoriedad. Las lágrimas ya no salen, no hay agua para ese fuego. Tampoco es la solución mirarse el ombligo ni las heridas. No se puede pensar en una solución cuando los monstruos y los fantasmas acechan, cuando el pasado toca la puerta y no importa si se le abre, si hay llave o si no... Sólo irrumpe, rompe todo, pasa y se va, dejando todo destrozado.
Por eso hoy digo que extraño, no por raro, sino por añoranza. Quiero de nuevo esos besos que aunque contribuyeron a que me rompa hoy podrían hacerme olvidar, hacer que me pierda de toda esta mierda que vuelve a flotar en mí.

martes, 24 de abril de 2018

Rota.

Puedo escribir algunas cosas. Necesito hacerlo.
Puedo describir cómo se movía tu cabello con el viento y cómo se ubicaban tus labios cuando sonreías.
También puedo decir lo imbéciles que fuimos. Y quizás también pueda decir que te extraño.
De todos modos, me parece más importante decir que volví al sitio en donde hay almohadones, no necesariamente para caer, sino los almohadones del fondo. De los que ya conozco y sé que puedo alejarme y volver cuando quiera, o cuando pueda. 
Volví al sitio, ya no en tanto sitio espacial, si no abstracto y entre mental y virtual. En fin, volví al sitio del que una vez salí, en el que otra vez me hundí. En el que sé que algunos días veo luces y todo hermoso, y otros días no puedo ni abrir los ojos, de lo hinchados que están, de lo pesados que me resultan los parpados. 
Estoy aquí otra vez. En el proceso de caída. Aunque quizás, espero, ya estar nuevamente en el fondo. Porque si estoy en el fondo no queda más distancia para bajar, sólo subir, o flotar.
No estoy segura, quiero creer que no, si el estar en el fondo es por estar en soledad. Creo haber estado en el no-fondo (no estoy segura si es superficie) estando acompañada. No lo sé.
Tampoco sé si es una solución un alguien más para salir.
Primero tengo que sanar yo. Curar mis propias heridas sola, no endilgarle a alguien más la responsabilidad de mi sanación, cierto que tampoco hay alguien que no sea yo a quien le pueda adjudicar la responsabilidad de mi rotura.
Quiero poner avance rápido y estar bien. Hay momentos en los que olvido que estoy mal, los disfruto luego, cuando me percato qué sucede en mi interior.
Hay ratos en los que me hace bien pensar en un año atrás. Y hay otras veces en las que me encantaría poder gritarme que ponga freno de mano, que huya, que va a doler. Pero... pero... Si hubiese huido no hubiese pasado momentos tan bellos, aunque quizás tampoco estaría ahora en este fondo.  

Ser.

Últimamente cuando me preguntan quién soy, o que me presente, evito el decir "soy..." intento procurar "mi nombre es..." "me considero como..." "mi lugar de nacimiento fue..." etc. No me siento cómoda con el ser a partir de una etiqueta. En algún lado, que sé que es común pero no recuerdo dónde, decía "definir es limitar". No quiero estar limitada, no quiero limitar(me) ni que me limiten. No quiero frontera para mi ser, ni para mi estar.
Pero...
Si no soy ¿qué soy?