Un día alguien está ahí. En su cama, o en una terraza, o frente a algún paisaje natural y asombroso. Planeando. Volando con la imaginación. Planes, ideas, imágenes que atraviesan, que le implican, que terminan bien y mal, ve toda su vida, su futuro está ahí, tocándolo con el decir de esas palabras que no se modulan, en esos brillos que atacan la retina, que rompen la rutina. Están ahí. Está ahí.
Otro día. Alguien piensa en todo eso que creyó que iba a suceder ¿cuánto de eso estará? ¿cuánto de eso aún puede llegar y cuánto no?
Otro de otro día. Las cosas se vuelven grises. Alguien ya no mira los paisajes, ni siquiera se mira a sí, está pensando en hoy, o en pasado. Se aferra a la idea de labios que ya tocó, de acciones que ya realizó, y las que debe realizar para mañana. Que el trabajo, que las obligaciones, que el ir y venir del hoy, del mañana, pero ya no del próximo mes o año, no se llega a tanto cuando hay taladros en los oídos. Quizás le sirva. Quizás. ¿A qué costo? ¿Cuánto se dejó en el camino? ¿Qué otras cosas? ¿Cuál será su calidad?
Pensar las pérdidas. Otro día. Pensar las ganancias... No, no, otro día. Pensar en la cena, sí, ya.
Otro día. Alguien piensa en todo eso que creyó que iba a suceder ¿cuánto de eso estará? ¿cuánto de eso aún puede llegar y cuánto no?
Otro de otro día. Las cosas se vuelven grises. Alguien ya no mira los paisajes, ni siquiera se mira a sí, está pensando en hoy, o en pasado. Se aferra a la idea de labios que ya tocó, de acciones que ya realizó, y las que debe realizar para mañana. Que el trabajo, que las obligaciones, que el ir y venir del hoy, del mañana, pero ya no del próximo mes o año, no se llega a tanto cuando hay taladros en los oídos. Quizás le sirva. Quizás. ¿A qué costo? ¿Cuánto se dejó en el camino? ¿Qué otras cosas? ¿Cuál será su calidad?
Pensar las pérdidas. Otro día. Pensar las ganancias... No, no, otro día. Pensar en la cena, sí, ya.