Cada vez que pienso que sería muy feliz si pudiese hacer magia, me surge el reproche interno donde digo que sí tengo acceso a la magia, tengo acceso a las palabras, al lenguaje, y esa es una magia tan particular y maravillosa que llega a todxs. Sin embargo, siento que soy torpe, hosca, que no logro modelar mis pensamientos para que salga cual capullito de flor, todo envuelto, suave, delicado, hermoso y a la vez absoluto e irrevocable. No tengo el poder de domar la magia a la que puedo acceder. Pero quiero más magia a mi alcance, magias diferentes. Y quizás no las alcance nunca o ya las tenga al lado sin saber qué hacer con ellas.
Cuenta la leyenda que alguna vez hice las cosas bien: cuando tenía 5 años, porque antes lloraba mucho y después me mande muchos mocos. Te invito a enterarte de mis porrazos, hay que aclarar que no soy buena ciclista y que por eso me caigo mucho en este camino donde hay más piedras que parches para las ruedas de mi bicicleta. A pesar de todas las trabas, yo sigo sonriendo cuando el sol me da en la cara y cuando la brisa me despeina y acariciándome me asegura que siempre va a estar