De a poquito y con movimientos suaves ir a(r)mándome. Como si fuera una danza lenta, en la que en algunos instantes se avanza y en otros se retrocede, pero siempre se mantiene el movimiento.
Ir acomodándome a mi propio placer, procurar escuchar mi deseo. Detenerme en el segundo en el que decido para saber qué es lo que efectivamente quiero. Pausarme para hallarme.
Es el proceso de aprender a escuchar, al resto y a mi también. Aún en actividades voraginosas, en días repletos y sobre-exigidos encontrar el momento en el que estoy conmigo. Re-encontrarme con el café y el silencio, con mi propia voz. Con mis dilemas y desencuentros. Amigarme con lo que soy y performarme para ser lo que quiero.
Frenar y pausar, seguir y encausar. Hacer del silencio parte de la melodía, y de las pausas parte de la danza.
Caminar con un fin y habilitarme a descansar, a tomar otros caminos y a sorprenderme con el paisaje.
¿Esto será ser? ¿Esto será existir?
De ahogarme en penas y olvidarme bajo papeles a procurar encontrar el disfrute en lo que puedo, hallar mi interés y motivación bajo la montaña de quehaceres. Quizás de eso se trate vivir. Quizás ese sea mi mayor desafío hoy.