A los 30 te das cuenta que la privacidad para algunxs y no para otrxs no tiene sentido. que tener una red social en privado ya no importa. A los 30 te das cuenta que así sos vos y a quien le guste bien, y a quien no, y bueno ni idea. A los 30 te das cuenta que te podés reir de vos con el resto. que les podés decir cuándo pasaron el límite, y hasta cuándo te prendés. A los 30 te das cuenta que el resto no tiene tus mismos límites, y que explorarlos es la única manera de generalizar. A los 30 te das cuenta que no importa qué foto subas, o qué hace quién por qué red, porque la red que más importa es la de acá. La red de tus amistades es la que hace trama, la que realmente se repite, sostiene y mantiene el tejido; el resto son borlas de colores, dónde, quién, es accesorio, la trama son ellxs. A los 30 te das cuenta que no sabés si es tan así pero algo resuena. Que lo que sos ya sos, y lo que no sos tal vez elegís aspirar a. Pero si no lo sos y no querés serlo no tenés por qué serlo. Mientras no dañe a nadie, a los 30 sos vos.
Si a los 30 sos una mierda, y bueno, bienvenida sea esa mierda. La mierda es abono de plantas para que otrxs florezcan, o tal vez de la mierda soy la semilla que eventualmente brotó.
A los 30 te amigas con lo que hay, y elegís para donde distribuírlo, o al menos aprender a manejarlo cuando sale. Y tal vez no sea cierto, ¿pero importa? ¡tenés 30!