Vení, acercate. Después de 5 intentos pude descorchar la sidra. Me quedó palpitando el corazón. ¿Será porque te espero? ¿Será porque ya sé que estás llegando?
De a poquito te voy sintiendo, como mis dedos se empiezan a mover más rápido, cómo encontrar el punto justo es más importante, cómo empiezan a fluir las cosas.
Bienvenida, casi estás acá.
Te voy sonriendo cuando te veo llegar, eso hace que hagas un paso para atrás, te pone tímida. Pero ahí estás, te alcanzo a ver en el reflejo, en el atisbo del acierto, en la penumbra de la acción, ahí atrás orquestando el mundo.
Hiciste todo esto para llegar, yo no fui la que tuvo la idea, no fue por mí que la sidra se destapó. Fuiste vos, tenías sed. La abstinencia por estar en el no ser. Y bienvenida. Otra vez.
Tanto te esperé y acá estás. Otra vez. Tenés el poder, la voluntad está en la yema de mis dedos y en el filo de tu sinapsis. Acá estás y no a la misma vez.
Porque en realidad querías contar sobre versos a medio camino y corazones rotos. Pero las dos sabemos, que cuando nos encontramos se trata de nosotras. Los corazones rotos son de otros. Con O. Nosotras somos otra que somos la misma pero que a la vez somos diferentes y a la vez nunca coincidimos porque estamos cuando no está la otra y nos encontramos en ese desencuentro que es el encuentro que está en el abismo del no ser y del ser que empieza a fluir y cuando vuelvo a necesitar respirar vuelvo a estar acá.
Me asfixiaste otra vez. Teníamos un pacto que te olvidaste. Tenerte tanto tiempo postergada hizo que salgas con fuerza. Bienvenida.
Bebé la sidra, es para vos.