sábado, 18 de marzo de 2023

¿A los botes?

 ¿Quién me trajo hasta acá? Quiero la cabeza en la horca ya. O que quede en una calesita manual de plaza, de esas que te marean hasta llegar a perder noción de tiempo y espacio. Mínimo si me trajo hasta acá tiene que pagar el mismo precio. 

¿Dónde pisan mis pies? ¿qué están aferrando mis manos? ¿Qué aguja apuntaba al norte? 

Mala suerte, campo magnético, atracción que despista y pierde. ¿Y de quién es la culpa?

¿Qué embarcación lleva a destino? ¿Cuál era el destino? Dame alguno, cualquiera, el tuyo.

Algo así supongo que fue como llegué hasta acá.

Y ahora quiero ver los pies responsables moverse por última vez, flotando. Que pague.

Como si fuese suficiente perder el aire por siempre mientras una va olvidándose de respirar. El aire que me eleva y me hace flotar me oxigena, pero me olvido de respirar. Me dejo de pensar humana para ser un montón de partículas que se encuentran con otras y se revolucionan. La sinapsis hace corto y como en ebullición mis pensamientos se pierden. 

Para después encontrarme en un reflejo negro, espejo bordeado de miel que me dice todo está bien, mientras suena un lo-fi de fondo y devuelve la calma.

Montaña rusa, subi baja o la extracción de una muela. Pánico, pavor y un poco de regocijo. 

Quiero ser envuelta en manta de piel recitando como mantra que todo va a estar bien. Ni la hoguera ni la horca fueron necesarias, la cerveza llegó para amigarnos y exlplicarnos.

Nadie sabía bien a dónde iba, y decidimos arriesgar. 

El bote en el muelle da tranquilidad, pero buscando adrenalina la única posibilidad es salir a navegar. Riesgo. Riesgo. 

Un chaleco salvavidas y dos culpables. 

Por si acaso, por si te vas, también quiero un parapentes.