viernes, 6 de marzo de 2015

¿Qué somos?

Somos frecuencia, somos miles de partículas que tienen miles de millones de partículas más y que se mueven entre otras tantas miles. Y si miramos para arriba, y si miramos para abajo hay miles de millones de cosas más, de cositas efímeras y eternas, de vidas que nunca empezaron y otras que quizás nunca terminen, o no como nosotros. ¿Y quién dice qué es qué? ¿Quién dice que arriba es el arriba que creemos y que abajo es el abajo que creemos? En realidad todo es relativo, hasta la relatividad, hasta esto, todo y nada, nada y todo, un poco, un poco nada, un poco mucho, algo, eso, esto, aquello, nada se sabe, todo es ignorado.
Fue estar tirada en una terraza, después de los mates, el porro y las charlas, tirarse a mirar las estrellas, a buscar, a tratar de entender ese algo más que hay por ahí, eso que no es acá, que no soy yo, que no es esto, que es eso de algo más de lo que no conozco. Reflexiones quizás filosóficas, sin saber nada de filosofía, es esa filosofía barata que está en el común de la gente, la vulgar, a la que llega cualquiera si se fumó uno y tiene compañía para comentarla.
Hoy creo que soy libre, así me siento, así lo quiero ser. Libre del ojo cercano de mi familia, libre de quedarme levantada mil horas, libre de despertarme, libre de dormirme, libre de comer o no, también un poco más libre de mí. Hoy soy sol, soy viento, soy libertad, soy eso que estuve ansiando tanto, tengo eso que busqué y esperé por tanto tiempo, y aunque tiene sus momentos aburridos, sus momentos bajón, estoy contenta con lo que tengo, con lo que hago, con lo que puedo hacer, hago lo que quiero cuando quiero, menos dormir, menos dejarme a mí de lado para siempre.
Porque es algo que nunca nadie va a dejar de ser, no como humano, no como ser vivo, no en la vida que conozco, y es dejar de estar con uno mismo. Me puedo perder de todos, estar sola, refugiarme en un campo en el silencio, en la nada, en la muerte, pero hasta voy a morir conmigo, voy a estar conmigo por el resto de las eternidades que siga siendo yo. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Mi árbol.

Tengo un árbol, al costado de la ruta, es un árbol viejo y grande, que se expandió, que seguro tardó sus buenos años, y yo lo elijo ahora que ya está crecido, y aunque se caiga va a ser mi árbol.
Porque los árboles si se pueden elegir así: cuando ya crecieron, cuando ya maduraron. Ese árbol tiene tantos puntos opuestos a mi, a mi hoy, tan crecido, tan ramificado, tantas tormentas que ha pasado, y yo que recién arranco, que todavía me falta terminar el año para tocar la segunda década, que soy un yuyito entre miles de pastizales, que no soy fuerte, que me doblo, que cambio de rumbo, que divago, que me pierdo y que me camuflo.
Soy un yuyito sin corteza, sin ramificaciones, soy quizás semilla. Y hoy empecé a crecer en un nuevo suelo, en una nueva tierra desconocida, para salir al mundo, para ser como mi árbol, hermoso y perfecto en su inmensidad, en su grandeza, en su arboleza.