lunes, 23 de julio de 2018

No hay sitio en donde no estés.

Una canción, una vereda, una verdulería, una esquina y hasta un árbol. En cada sitio, en cada lugar, en cada momento te vuelvo a encontrar, sin encontrarte, sin encontrarme a mí por encontrarte a vos, sin centrarme en mí por focalizar en vos. Y es tan difícil volver a verte, es tan difícil aceptar que ya no me quieras y ver como yo a vos sí.
Estás en una curva, en un mapa y hasta en mi computadora. Estás ahí. Tan cerca, cerca, cerquita. Y más lejos de lo que alguna vez imaginé.
Un mate y estás vos. Un destapador y te vuelvo a encontrar. En el fondo de la botella de vino también te encuentro. En el final de la mecha, en el balcón, en la ruta, en el colectivo, en los apuntes y en los textos originales, en la sonrisa y en la lágrima que baja corriendo sin pedir permiso.
Ya estoy harta de encontrarte, que me sorprenda el recuerdo hasta en el interruptor de la luz o en el medio de la ducha. Estoy cansada de esos asaltos en mi memoria, quiero tirarles vinagre y que se evaporen, o se hagan transparentes, o que no duela y listo. Que no duelas. Que el duelo termine. Que mi camino se despeje y se vaya esta niebla de imágenes tuyas, necesito saber por dónde voy, hacia dónde y qué estoy haciendo, quiero saber que puedo correr las piedras con la seguridad que no te voy a encontrar ahí.

domingo, 15 de julio de 2018

Tormentas y monstruos.

No dijo nada a pesar de saber que había un mar inundando. No hizo nada y esquivo el escollo. Siguió en su tranquilidad, aún mejorando su día. Porque el saber que la tormenta atormenta a otrx atormentadx le saca la suya, le deja en calma, le da felicidad, no le obtura la mirada ni le genera nubes que goteen sobre sus mejillas.
Y del otro lado. Tras el aparato conector, tras la lucha con el alcohol y la palabra, estaban tantas tormentas desatándose. Tantas que se fundieron, se hicieron una y dispararon para todos y para ningún lugar, como un huracán, no dejando nada, llevándose con ira todo lo que se encontrara, eliminando cada rastro de sonrisa, cada recuerdo que pudiese habilitar el levantar la mirada. La tormenta está sobre la nuca, respirando, avasallando, ordenando. Y los impulsos se hacen más impulsivos que cuando se estaba en calma, las acciones ya no son susceptibles de ser pensadas, porque guían las tormentas, porque el vendaval golpea tanto las puertas y ventanas que ya no deja pensar.
Y como si fuera poco, en el sótano de la casa, que era el lugar seguro de antaño, hay monstruos, está infectado, plagado, ya no dejan acercarse mucho, ya no habilitan la seguridad, y tienen la capacidad de escaparse y atacar, por lo general lo hacen cuando hay tormenta y mucho ruido, se suben y no dejan de morder, de roer, arañar, se ensañan y no liberan. Otras veces, las menos, atacan cuando todo está en calma se disfrazan de novedad y bondad, mientras que tras el velo se esconden esos monstruos ya conocidos, esos que se intentó de todas las formas que no volviesen. 
La peor parte siempre será el conjunto de tormentas, monstruos e impulsividades. El ataque en masa deja restos de nada, y sin embargo es un montón más de nada de lo esperable, con agua, con rayos y lluvia eterna, sin ventanas y con monstruos. Ataque que deja ruinas, que es inoportuno, y que tras el dispositivo, generó sonrisa.

jueves, 5 de julio de 2018

Ores.

Inhalé una vez, dos. Giró. Completó el círculo y volvió. La picazón que se produjo en mi cuerpo, corrí a por aquello que lo calmaría, estaba seco y ardía, que traigan solvente, más solvente. 
Pausa.
Freno, miro, me río y espero.
Me muevo con lentitud y exactitud. Todo cuesta un poco más.
Me siento, me tapo, me acomodo.
Luces que se mueven en un vaivén eterno y hermoso. La magia de la tecnología. 
El ritmo me lleva a su gusto, me pierdo en imágenes propias, en sonidos.
Siento como si fuese una masa amorfa que sale desde mi pecho y llega hasta la punta de mis extremidades, me hace cosquillas, hace cosquillas que no dan risa, o un poco sí. Empieza a quemar, vuelve, se mueve en bordes internos y externos, siento como baja la presión sanguínea, hago esfuerzo para conectar mi sistema nervioso ¿eso se podía? No sé, lo hice.
Y la masa se movía, mis ojos no, me acordé tarde que los debía humedecer, pestañear, también la boca.
De repente quemaba mucho mucho, el estómago.
Había algo para sacar. Un inodoro y de rodillas frente al piso.
Lo que se tenía que sacar, se sacó.
Volví, inmutable.
Me volví a acomodar, me estaba durmiendo.
Y volando.
Toqué una nueva galaxia, un nuevo mundo y volví.
Hoy reboto.