Una canción, una vereda, una verdulería, una esquina y hasta un árbol. En cada sitio, en cada lugar, en cada momento te vuelvo a encontrar, sin encontrarte, sin encontrarme a mí por encontrarte a vos, sin centrarme en mí por focalizar en vos. Y es tan difícil volver a verte, es tan difícil aceptar que ya no me quieras y ver como yo a vos sí.
Estás en una curva, en un mapa y hasta en mi computadora. Estás ahí. Tan cerca, cerca, cerquita. Y más lejos de lo que alguna vez imaginé.
Un mate y estás vos. Un destapador y te vuelvo a encontrar. En el fondo de la botella de vino también te encuentro. En el final de la mecha, en el balcón, en la ruta, en el colectivo, en los apuntes y en los textos originales, en la sonrisa y en la lágrima que baja corriendo sin pedir permiso.
Ya estoy harta de encontrarte, que me sorprenda el recuerdo hasta en el interruptor de la luz o en el medio de la ducha. Estoy cansada de esos asaltos en mi memoria, quiero tirarles vinagre y que se evaporen, o se hagan transparentes, o que no duela y listo. Que no duelas. Que el duelo termine. Que mi camino se despeje y se vaya esta niebla de imágenes tuyas, necesito saber por dónde voy, hacia dónde y qué estoy haciendo, quiero saber que puedo correr las piedras con la seguridad que no te voy a encontrar ahí.