Hay aún algo mío que no salió. Desde la transparencia preservo mi interior, desde lo que doy mantengo alejado eso que no quiero dar, eso que recibo y no quiero largar, aunque algunas veces duele, otras molesta y otras veces me agrada, hay de eso algo que no quiero sacar, no quiero liberar a que lo consuman quienes me consumen.
Lo líquido me va a matar, nos está sorbiendo, creyéndonos productos a consumir, objetos, cosas, todo menos sujetos que a fin de cuenta es lo que somos, y también estamos sujetadxs, a esto, al lenguaje y a la cultura. Y hay cosas que quiero sujetar, esas cosas que aún no salieron de mí, y otras que las puedo ir largando, ya de a poco, dejándolas en el tiempo-espacio para verlas, saludarlas y despedirlas.
Despedí la idea que yo soy para todo el problema, quizás para muchas cosas sí, pero no para todo. Lo que pido no siempre es una locura ni utopía, quizás pueda serlo para la persona que se lo pido, no para todxs. Despedí la idea que tengo que hacer absolutamente todo lo que quieran lxs demás porque si no me vuelvo mala, ya soy mala así que ¿qué más da? ¿por qué no seguir mi propio deseo mientras no lastime a nadie adrede?
Aún hay más cosas, algunas son buenas o me hacen bien, o quizás sean buenas sólo para hoy, para mi actualidad, y dentro de unos años las despida también. Hay cosas que guardo sólo para mí porque no me atrevo a someterlas a lupa de lxs otrxs, porque no siempre son coherentes o inteligentes, y algunas veces apuntan más a quien me las ha dicho que a mí. Y conmigo se trata de mí.
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