Cuenta la leyenda que alguna vez hice las cosas bien: cuando tenía 5 años, porque antes lloraba mucho y después me mande muchos mocos. Te invito a enterarte de mis porrazos, hay que aclarar que no soy buena ciclista y que por eso me caigo mucho en este camino donde hay más piedras que parches para las ruedas de mi bicicleta. A pesar de todas las trabas, yo sigo sonriendo cuando el sol me da en la cara y cuando la brisa me despeina y acariciándome me asegura que siempre va a estar
lunes, 23 de junio de 2014
Continuo
Saltar al vacío y esperar la caída. El limbo en el que floto, el precipicio que me eleva, el suelo que puede impactar, o el globo aerostático que me puede salvar. Caer no es tan malo, llegar al fondo en la oscuridad tampoco, el vaso tiene agua no importa si más o menos de la mitad, hay que tomarlo porque tengo sed, hay que llegar al fondo para subir, hay que ver el final, quizás el final no es final: es principio. Y, quizás, lo que creo final es principio, o tal vez, no hay ni principio ni fin, sólo hay, un círculo vicioso, un eterno paradigma, una constante invariable, la vida es una asíntota del final. El final quizás no sea la muerte, la muerte no debe ser el final, el final es el cero, la nada, más nada que la nada misma, no existe porque no es, no hay porque no se vio, no puede existir el final, no como lo imagino yo, quizás si como lo imagine otro ¿qué me importa lo que imagina otro? para mí no hay final, hay muerte, hay fondo, pero no final, hay oscuridad, hay claridad, hay vida después de la vida, hay muerte después de la vida de la muerte, pero no hay final, hay existencia eterna, cuerpos en el más allá, partículas que llenan la nada y que atestan el vacío, siempre hay principio, siempre hay comienzo, siempre hay nunca y nunca hay siempre. Pero jamás nunca hay final.
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