martes, 29 de diciembre de 2015

Alnilam.

   Verte lo que es ver no te vi, tampoco puedo decir eso de que te miré pero no te vi, mucho menos eso de que me miraste, no, de eso nada. Pero yo estoy segura de que te vi, te elegí todas esas noches, claro que tampoco te vi en un sueño, te vi como se ven las cosas cuando están a 1340 millones de años luz, te vi así, y si salgo ahora te vuelvo a ver, porque sé cómo encontrarte y verte en ese no ver que en realidad sí veo, aunque a la vez no. Porque veo lo que ya probablemente no seas, pero cada vez que estoy bajo esa manta gigante que me abriga (manta de la que sos parte), te busco, te encuentro, te nombro, y me doy cuenta de que probablemente ya no seas. Es lo complejo de tener una vida tan efímera y saber que me puedo encontrar con eternidades como la tuya.
   Y sin embargo te vi, y te hablé de tantas cosas, aunque también es complicada esa parte de que te hablé, porque de mi boca no salió una sola palabra, mi ser no exteriorizó una sola idea, no mientras te miraba sin verte, te hablé sin hablar, te sonreí sin mover un músculo, te acaricié sin tocarte, a esta distancia que es infinita y que es bastante utópico de mi parte pensar que siquiera puedas enterarte.
   Cuando te vi y te hable y todo eso que hice pero no, también vi (pero no) todo eso que te rodea, todo eso que te acompaña, y que me ayuda a reconocerte entre tantos miles.
   ¿Algún día me vas a abandonar? ¿Ya me abandonaste y como estamos con ese pequeño delay de años luz no me enteré?
   Mientras tanto, finjo que te veo, que te hablo, que te cuento y me contas, que tenemos una buena amistad, que me cuidas, que sabes y te interesas por mí. Primero hago todo eso porque fingir me sale re bien, es bastante fácil, y segundo porque me gusta creer que hay algo más que aunque sea en cierto modo le puedo importar, una especie de divinidad que se puede llegar a preocupar por una mortal, por mí, es uno de los complejitos medio bobos que me dejo tener, porque no le hace mal a nadie, porque de última, vos seguís con tu vida y yo alimento mi mambo, sin lastimar, sin herir, y sin contárselo a nadie más.


[La gente tiene estrellas que no son las mismas, para unos, los que viajan las estrellas son guías... para otros, no son mas que lucecitas...] Amatista; Camarones del Aljibe.

Ayun Lihuen.

   Un mar de almas que se mueven con la corriente, que llegan y que van, que rozan, tocan, chocan, explotan y vuelven a nacer, para ser almas, para ser un sistema, para ser un todo, coherente (o tal vez no tanto).
   Ella que besa y no le importa a quién.
   Él que está sediento de amor.
   Ella, que ya no es es ella ella sino ella, que busca un cigarrillo, que lo encuentra y busca fuego, que lo encuentra y busca abrigo.
   Él que busca un libro, o capaz que sólo revisa estanterías, no se puede asegurar nada con él, que tampoco es él, ni él, sino él.
   Esa otra, la de allá, la que está tirada mirando el cielo no busca, ella encuentra, encuentra nubes con formas, encuentra pájaros volando, encuentra hormigas en sus brazos, encuentra lamidas de perros extraños, encuentra una sonrisa y devuelve un abrazo.
   Allá también está ella, que se cierne sobre la guitarra y ya no hay nada que importe, no hay herida que duela, espada que lastime, político que engañe, inundación que ahogue, cuando rasga, cuando pulsa, cuando entra en ese mundo todo fluye, como el mar al que pertenece, como el viento, como la vida. Y sabe que vivir es en hoy, es en ahora, es en presente y ya no en pasado, que vivir es reír y sonar, escuchar y cantar. No hay mal que mate tanto bien.
   Él, que está perdido, divagando, fumó, voló y ahora está del bajón comiéndose la cabeza con algún programa basura de la televisión, preguntándose por qué ahora los describo más si sólo eran unas líneas sobe cada uno ¿Es que los quiero exponer a algo? ¿Es que lo van a ir a buscar por fumon?
   Vos que estás ahí, en la playa, mirando el espacio, y no te preguntas acaso ¿Qué es? ¿Qué somos? ¿Hay algo atrás? ¿Algo más?.
   Almas que divagan, que se cultivan, que suenan y se desplazan. Almas.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Otra tormenta más.

    La tormenta inspira. Siempre inspiran las tormentas, a algo inspiran. Con relámpagos, truenos, es todo un espectáculo. Y hay diferentes formas de verlo, hay diferentes puntos para encontrarla. Y las tormentas siempre son buenas para hacer metáforas, y para verlas en todo momento, y también para hablar de cuando están, cuando llegan y cuando se van. Las tormentas son.
    El cigarrillo que humea contra la ventana, desgranándose en miles de cenizas, en humo, en energía, en mundo. El pelo que gotea, igual que los ojos algunas veces, aunque no, pero gotean recuerdos, gotean con añoranza, gotean igual pero distinto. Las zapatillas rojas iguales a las de… iguales… las zapatillas rojas empapadas, eso es por no programar ni prever. ¿Habrán andado por caminos similares ambos pares?.
    Un cigarrillo prendido (otro más, de vuelta), para inhalar, para marearte, para des-contracturarte, un libro, de esos fantasiosos, o quizás muchos libros, un abrazo a tu mamá, un beso de esos que no queres que terminen, una corrida debajo de la lluvia en verano, sobre el arena, con 15 años, un reconocimiento por el esfuerzo, una sonrisa al mirar atrás, una estrella fugaz, de esas de las que contaste y te morís por encontrar de nuevo, con alguien igual.
    Y también todo eso que fue, pero que a la vez no, o que fue pero no terminó siendo lo que querías que sea, o que no terminó gustando. Ese beso que nos quedó trunco, ese campamento al que nunca fui, ese viaje que todavía está en un quizás, ese mensaje que no fue respondido, esa borrachera que no terminó bien, esa materia que no aprobé, ese abrazo que no se va a volver a repetir, esas miradas que ya no se van a volver a cruzar.
    El café caliente y negro, puro, para despertar, la cama que me llama y yo que no quiero soñar más.
    También las tormentas son la temporada que vivimos juntos, aunque separados, pero juntos, esos días en las que no fuimos ni uno y uno, ni dos, ni tres, sino miles y millones, aunque siempre somos miles y millones, pero esa vez lo sentimos, esa vez lo contamos.
    Y ese apunte que hay que subrayar, y leer, y aprenderse para poder repetir. Sí, también las tormentas son eso. NI todo tan poético ni tan terrenal, son un poco de todo, son menjunje, son licuado, son años, son tormentas.