La tormenta inspira. Siempre inspiran las tormentas, a algo inspiran. Con relámpagos, truenos, es todo un espectáculo. Y hay diferentes formas de verlo, hay diferentes puntos para encontrarla. Y las tormentas siempre son buenas para hacer metáforas, y para verlas en todo momento, y también para hablar de cuando están, cuando llegan y cuando se van. Las tormentas son.
El cigarrillo que humea contra la ventana, desgranándose en miles de cenizas, en humo, en energía, en mundo. El pelo que gotea, igual que los ojos algunas veces, aunque no, pero gotean recuerdos, gotean con añoranza, gotean igual pero distinto. Las zapatillas rojas iguales a las de… iguales… las zapatillas rojas empapadas, eso es por no programar ni prever. ¿Habrán andado por caminos similares ambos pares?.
Un cigarrillo prendido (otro más, de vuelta), para inhalar, para marearte, para des-contracturarte, un libro, de esos fantasiosos, o quizás muchos libros, un abrazo a tu mamá, un beso de esos que no queres que terminen, una corrida debajo de la lluvia en verano, sobre el arena, con 15 años, un reconocimiento por el esfuerzo, una sonrisa al mirar atrás, una estrella fugaz, de esas de las que contaste y te morís por encontrar de nuevo, con alguien igual.
Y también todo eso que fue, pero que a la vez no, o que fue pero no terminó siendo lo que querías que sea, o que no terminó gustando. Ese beso que nos quedó trunco, ese campamento al que nunca fui, ese viaje que todavía está en un quizás, ese mensaje que no fue respondido, esa borrachera que no terminó bien, esa materia que no aprobé, ese abrazo que no se va a volver a repetir, esas miradas que ya no se van a volver a cruzar.
El café caliente y negro, puro, para despertar, la cama que me llama y yo que no quiero soñar más.
También las tormentas son la temporada que vivimos juntos, aunque separados, pero juntos, esos días en las que no fuimos ni uno y uno, ni dos, ni tres, sino miles y millones, aunque siempre somos miles y millones, pero esa vez lo sentimos, esa vez lo contamos.
Y ese apunte que hay que subrayar, y leer, y aprenderse para poder repetir. Sí, también las tormentas son eso. NI todo tan poético ni tan terrenal, son un poco de todo, son menjunje, son licuado, son años, son tormentas.
El cigarrillo que humea contra la ventana, desgranándose en miles de cenizas, en humo, en energía, en mundo. El pelo que gotea, igual que los ojos algunas veces, aunque no, pero gotean recuerdos, gotean con añoranza, gotean igual pero distinto. Las zapatillas rojas iguales a las de… iguales… las zapatillas rojas empapadas, eso es por no programar ni prever. ¿Habrán andado por caminos similares ambos pares?.
Un cigarrillo prendido (otro más, de vuelta), para inhalar, para marearte, para des-contracturarte, un libro, de esos fantasiosos, o quizás muchos libros, un abrazo a tu mamá, un beso de esos que no queres que terminen, una corrida debajo de la lluvia en verano, sobre el arena, con 15 años, un reconocimiento por el esfuerzo, una sonrisa al mirar atrás, una estrella fugaz, de esas de las que contaste y te morís por encontrar de nuevo, con alguien igual.
Y también todo eso que fue, pero que a la vez no, o que fue pero no terminó siendo lo que querías que sea, o que no terminó gustando. Ese beso que nos quedó trunco, ese campamento al que nunca fui, ese viaje que todavía está en un quizás, ese mensaje que no fue respondido, esa borrachera que no terminó bien, esa materia que no aprobé, ese abrazo que no se va a volver a repetir, esas miradas que ya no se van a volver a cruzar.
El café caliente y negro, puro, para despertar, la cama que me llama y yo que no quiero soñar más.
También las tormentas son la temporada que vivimos juntos, aunque separados, pero juntos, esos días en las que no fuimos ni uno y uno, ni dos, ni tres, sino miles y millones, aunque siempre somos miles y millones, pero esa vez lo sentimos, esa vez lo contamos.
Y ese apunte que hay que subrayar, y leer, y aprenderse para poder repetir. Sí, también las tormentas son eso. NI todo tan poético ni tan terrenal, son un poco de todo, son menjunje, son licuado, son años, son tormentas.
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