Un mar de almas que se mueven con la corriente, que llegan y que van, que rozan, tocan, chocan, explotan y vuelven a nacer, para ser almas, para ser un sistema, para ser un todo, coherente (o tal vez no tanto).
Ella que besa y no le importa a quién.
Él que está sediento de amor.
Ella, que ya no es es ella ella sino ella, que busca un cigarrillo, que lo encuentra y busca fuego, que lo encuentra y busca abrigo.
Él que busca un libro, o capaz que sólo revisa estanterías, no se puede asegurar nada con él, que tampoco es él, ni él, sino él.
Esa otra, la de allá, la que está tirada mirando el cielo no busca, ella encuentra, encuentra nubes con formas, encuentra pájaros volando, encuentra hormigas en sus brazos, encuentra lamidas de perros extraños, encuentra una sonrisa y devuelve un abrazo.
Allá también está ella, que se cierne sobre la guitarra y ya no hay nada que importe, no hay herida que duela, espada que lastime, político que engañe, inundación que ahogue, cuando rasga, cuando pulsa, cuando entra en ese mundo todo fluye, como el mar al que pertenece, como el viento, como la vida. Y sabe que vivir es en hoy, es en ahora, es en presente y ya no en pasado, que vivir es reír y sonar, escuchar y cantar. No hay mal que mate tanto bien.
Él, que está perdido, divagando, fumó, voló y ahora está del bajón comiéndose la cabeza con algún programa basura de la televisión, preguntándose por qué ahora los describo más si sólo eran unas líneas sobe cada uno ¿Es que los quiero exponer a algo? ¿Es que lo van a ir a buscar por fumon?
Vos que estás ahí, en la playa, mirando el espacio, y no te preguntas acaso ¿Qué es? ¿Qué somos? ¿Hay algo atrás? ¿Algo más?.
Almas que divagan, que se cultivan, que suenan y se desplazan. Almas.
Ella que besa y no le importa a quién.
Él que está sediento de amor.
Ella, que ya no es es ella ella sino ella, que busca un cigarrillo, que lo encuentra y busca fuego, que lo encuentra y busca abrigo.
Él que busca un libro, o capaz que sólo revisa estanterías, no se puede asegurar nada con él, que tampoco es él, ni él, sino él.
Esa otra, la de allá, la que está tirada mirando el cielo no busca, ella encuentra, encuentra nubes con formas, encuentra pájaros volando, encuentra hormigas en sus brazos, encuentra lamidas de perros extraños, encuentra una sonrisa y devuelve un abrazo.
Allá también está ella, que se cierne sobre la guitarra y ya no hay nada que importe, no hay herida que duela, espada que lastime, político que engañe, inundación que ahogue, cuando rasga, cuando pulsa, cuando entra en ese mundo todo fluye, como el mar al que pertenece, como el viento, como la vida. Y sabe que vivir es en hoy, es en ahora, es en presente y ya no en pasado, que vivir es reír y sonar, escuchar y cantar. No hay mal que mate tanto bien.
Él, que está perdido, divagando, fumó, voló y ahora está del bajón comiéndose la cabeza con algún programa basura de la televisión, preguntándose por qué ahora los describo más si sólo eran unas líneas sobe cada uno ¿Es que los quiero exponer a algo? ¿Es que lo van a ir a buscar por fumon?
Vos que estás ahí, en la playa, mirando el espacio, y no te preguntas acaso ¿Qué es? ¿Qué somos? ¿Hay algo atrás? ¿Algo más?.
Almas que divagan, que se cultivan, que suenan y se desplazan. Almas.
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