Tomo el cuchilllo, con mi mano hábil: la derecha, lo empuño y lo hundo, corro la mano hacia atrás y hacia adelante, para que corte, que no quede nada sujeto a nada. Corto una vez, corto de vuelta, a la tercera ya tengo la técnica, ya tengo práctica y ya tengo dos rebanadas de pan.
Quizás esto de las obsesiones sea igual, hasta no ponerle fin no sabes como es, no estás seguro de como agarrar el cuchillo, ni de que grosor querés la rodaja, una vez que lo hiciste, que cortas, te empezás a acostumbrar, y hasta quizás llegues a la conclusión que es algo bueno, que no hace tan mal, que no es tan difícil, que separarse no es tan doloroso, sólo es eso, ni más ni menos: separarse, cortar un pan.
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