Máscaras.
Máscaras sobre la piel, de piel también; que ocultan, que mienten verdades, que fingen mentiras, que callan gritos y escuchan silencios.
Máscaras que me persiguen, que me atormentan, que buscan lo que no doy y piden más de lo que tienen.
Máscaras que poseemos todos, máscaras que somos todos.
Máscaras que arrastro conmigo y tras de mí.
Máscaras que me condenan y no me dejan libertad.
Máscaras que masacran las sonrisas y los ratos de felicidad.
Máscaras que poseen poder, que dan bendiciones y veredictos de muerte.
Máscaras que también son palabras, son dagas, son vida y muerte.
Máscaras que son espectros del pasado y terrores del futuro.
Máscaras que me dan miedo, pavor, terror, pánico, ganas de escapar.
Máscaras que me rodean, que me abrazan en un espiral de oscuridad, que me absorben, que me arrastran a ese más allá que no quiero entrar.
Máscaras que existen, que son, que desaparecen y vuelven.
Máscaras volátiles, efímeras y a la vez eternas.
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