Gota sobre gota. Pena de un gigante que se esconde en un rincón. Gotas intermitentes, viento feroz. Llanto convulso por un corazón roto, por un herido más en nombre del amor. Los labios que se muerden, las lágrimas que inundan y no dejan descansar, el sol de sus ojos que se cubre, las palabras que lastiman y se quedan marchitando los días estivales de cuando hubo amor.
¡Ay si supiera usted que sus lágrimas ahogan! ¡Ay de nosotros, pequeños sumergidos en un llanto sin fin, en un cuento de gigantes heridos!
Ya sabemos que se va a calmar, que la pena se va a superar, pero deje ya de llorar que está plasmando todo su mal en almas sin culpabilidad.
Cuenta la leyenda que alguna vez hice las cosas bien: cuando tenía 5 años, porque antes lloraba mucho y después me mande muchos mocos. Te invito a enterarte de mis porrazos, hay que aclarar que no soy buena ciclista y que por eso me caigo mucho en este camino donde hay más piedras que parches para las ruedas de mi bicicleta. A pesar de todas las trabas, yo sigo sonriendo cuando el sol me da en la cara y cuando la brisa me despeina y acariciándome me asegura que siempre va a estar
lunes, 25 de agosto de 2014
viernes, 22 de agosto de 2014
Hoy 22
No importan ya las idas ni las vueltas, importa andar, en presente, que si la lluvia, el barro el viento, de esas cosas no hay bajo mis pies, no hay conmigo, tampoco soles ni azules, ni verdes, ni primaveras...
Bocas que dicen que invierno, o que otoño, conclusiones apresuradas para estos días sin son, sin ser... Ritmos en la bambula de mi ropa, ritmos en mis manos que se chocan, en mis pasos des-acompasados que no van a ningún lugar, que no me llevan a ninguna parte y sin embargo se mueven, que para allá o para acá alejándose o acercándose a sabe quién qué cosas.
El tiempo es el único que sabe de exactitudes, de idas pero no vueltas, el tiempo que duele y que quiero olvidar, y cuando me estoy esforzando por olvidar todo y dejarlo atrás junto con los segundos pasados lo olvido, vuelo en blanco y ya no hay pies, ni bambula, ni siquiera tiempo, tampoco hay ritmo, hay blanco vacío, blanco infinito, blanco-blanco, blanco, blanco y más blanco, ni abrigos, ni bocas, ni dagas en palabras, tampoco hay nada, hay blanco. Hay infinito puente blanco sin puente, sólo blanco.
Bocas que dicen que invierno, o que otoño, conclusiones apresuradas para estos días sin son, sin ser... Ritmos en la bambula de mi ropa, ritmos en mis manos que se chocan, en mis pasos des-acompasados que no van a ningún lugar, que no me llevan a ninguna parte y sin embargo se mueven, que para allá o para acá alejándose o acercándose a sabe quién qué cosas.
El tiempo es el único que sabe de exactitudes, de idas pero no vueltas, el tiempo que duele y que quiero olvidar, y cuando me estoy esforzando por olvidar todo y dejarlo atrás junto con los segundos pasados lo olvido, vuelo en blanco y ya no hay pies, ni bambula, ni siquiera tiempo, tampoco hay ritmo, hay blanco vacío, blanco infinito, blanco-blanco, blanco, blanco y más blanco, ni abrigos, ni bocas, ni dagas en palabras, tampoco hay nada, hay blanco. Hay infinito puente blanco sin puente, sólo blanco.
sábado, 9 de agosto de 2014
Tranc
La mano que raspa la tela del bolsillo buscando a toda costa la moneda que ya gastó, mano que se encuentra con los resabios de sus drogas y la cabeza perdida que indica la vuelta al cuerpo dormido. De entre las sombras de la noche surgen monstruos y reinos y las piernas se mueven en un ritmo dispar. ¿Qué será de la noche que aun no termina de empezar? ¿Qué será de todas esas cosas que la boca escupió sin pensar ni filtrar?
Luces que titilan, veredas que se mueven, ciudades que respiran, y el mundo se convierte en pañuelo y las horas en segundos, bajo los pies todo pero se siente nada, cabeza perdida, mirada extraviada, voces, voces y más voces. Cadencia o candencia, ya no importa el vocabulario, de vidas sin nombre, incógnitas para tantos. La vía se vuelve una, embriagar el alma, des-encontrar las responsabilidades y flotar en una tierra de nubes, en piedras de algodón y en bolsillos sin monedas.
Luces que titilan, veredas que se mueven, ciudades que respiran, y el mundo se convierte en pañuelo y las horas en segundos, bajo los pies todo pero se siente nada, cabeza perdida, mirada extraviada, voces, voces y más voces. Cadencia o candencia, ya no importa el vocabulario, de vidas sin nombre, incógnitas para tantos. La vía se vuelve una, embriagar el alma, des-encontrar las responsabilidades y flotar en una tierra de nubes, en piedras de algodón y en bolsillos sin monedas.
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