martes, 29 de diciembre de 2015

Alnilam.

   Verte lo que es ver no te vi, tampoco puedo decir eso de que te miré pero no te vi, mucho menos eso de que me miraste, no, de eso nada. Pero yo estoy segura de que te vi, te elegí todas esas noches, claro que tampoco te vi en un sueño, te vi como se ven las cosas cuando están a 1340 millones de años luz, te vi así, y si salgo ahora te vuelvo a ver, porque sé cómo encontrarte y verte en ese no ver que en realidad sí veo, aunque a la vez no. Porque veo lo que ya probablemente no seas, pero cada vez que estoy bajo esa manta gigante que me abriga (manta de la que sos parte), te busco, te encuentro, te nombro, y me doy cuenta de que probablemente ya no seas. Es lo complejo de tener una vida tan efímera y saber que me puedo encontrar con eternidades como la tuya.
   Y sin embargo te vi, y te hablé de tantas cosas, aunque también es complicada esa parte de que te hablé, porque de mi boca no salió una sola palabra, mi ser no exteriorizó una sola idea, no mientras te miraba sin verte, te hablé sin hablar, te sonreí sin mover un músculo, te acaricié sin tocarte, a esta distancia que es infinita y que es bastante utópico de mi parte pensar que siquiera puedas enterarte.
   Cuando te vi y te hable y todo eso que hice pero no, también vi (pero no) todo eso que te rodea, todo eso que te acompaña, y que me ayuda a reconocerte entre tantos miles.
   ¿Algún día me vas a abandonar? ¿Ya me abandonaste y como estamos con ese pequeño delay de años luz no me enteré?
   Mientras tanto, finjo que te veo, que te hablo, que te cuento y me contas, que tenemos una buena amistad, que me cuidas, que sabes y te interesas por mí. Primero hago todo eso porque fingir me sale re bien, es bastante fácil, y segundo porque me gusta creer que hay algo más que aunque sea en cierto modo le puedo importar, una especie de divinidad que se puede llegar a preocupar por una mortal, por mí, es uno de los complejitos medio bobos que me dejo tener, porque no le hace mal a nadie, porque de última, vos seguís con tu vida y yo alimento mi mambo, sin lastimar, sin herir, y sin contárselo a nadie más.


[La gente tiene estrellas que no son las mismas, para unos, los que viajan las estrellas son guías... para otros, no son mas que lucecitas...] Amatista; Camarones del Aljibe.

Ayun Lihuen.

   Un mar de almas que se mueven con la corriente, que llegan y que van, que rozan, tocan, chocan, explotan y vuelven a nacer, para ser almas, para ser un sistema, para ser un todo, coherente (o tal vez no tanto).
   Ella que besa y no le importa a quién.
   Él que está sediento de amor.
   Ella, que ya no es es ella ella sino ella, que busca un cigarrillo, que lo encuentra y busca fuego, que lo encuentra y busca abrigo.
   Él que busca un libro, o capaz que sólo revisa estanterías, no se puede asegurar nada con él, que tampoco es él, ni él, sino él.
   Esa otra, la de allá, la que está tirada mirando el cielo no busca, ella encuentra, encuentra nubes con formas, encuentra pájaros volando, encuentra hormigas en sus brazos, encuentra lamidas de perros extraños, encuentra una sonrisa y devuelve un abrazo.
   Allá también está ella, que se cierne sobre la guitarra y ya no hay nada que importe, no hay herida que duela, espada que lastime, político que engañe, inundación que ahogue, cuando rasga, cuando pulsa, cuando entra en ese mundo todo fluye, como el mar al que pertenece, como el viento, como la vida. Y sabe que vivir es en hoy, es en ahora, es en presente y ya no en pasado, que vivir es reír y sonar, escuchar y cantar. No hay mal que mate tanto bien.
   Él, que está perdido, divagando, fumó, voló y ahora está del bajón comiéndose la cabeza con algún programa basura de la televisión, preguntándose por qué ahora los describo más si sólo eran unas líneas sobe cada uno ¿Es que los quiero exponer a algo? ¿Es que lo van a ir a buscar por fumon?
   Vos que estás ahí, en la playa, mirando el espacio, y no te preguntas acaso ¿Qué es? ¿Qué somos? ¿Hay algo atrás? ¿Algo más?.
   Almas que divagan, que se cultivan, que suenan y se desplazan. Almas.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Otra tormenta más.

    La tormenta inspira. Siempre inspiran las tormentas, a algo inspiran. Con relámpagos, truenos, es todo un espectáculo. Y hay diferentes formas de verlo, hay diferentes puntos para encontrarla. Y las tormentas siempre son buenas para hacer metáforas, y para verlas en todo momento, y también para hablar de cuando están, cuando llegan y cuando se van. Las tormentas son.
    El cigarrillo que humea contra la ventana, desgranándose en miles de cenizas, en humo, en energía, en mundo. El pelo que gotea, igual que los ojos algunas veces, aunque no, pero gotean recuerdos, gotean con añoranza, gotean igual pero distinto. Las zapatillas rojas iguales a las de… iguales… las zapatillas rojas empapadas, eso es por no programar ni prever. ¿Habrán andado por caminos similares ambos pares?.
    Un cigarrillo prendido (otro más, de vuelta), para inhalar, para marearte, para des-contracturarte, un libro, de esos fantasiosos, o quizás muchos libros, un abrazo a tu mamá, un beso de esos que no queres que terminen, una corrida debajo de la lluvia en verano, sobre el arena, con 15 años, un reconocimiento por el esfuerzo, una sonrisa al mirar atrás, una estrella fugaz, de esas de las que contaste y te morís por encontrar de nuevo, con alguien igual.
    Y también todo eso que fue, pero que a la vez no, o que fue pero no terminó siendo lo que querías que sea, o que no terminó gustando. Ese beso que nos quedó trunco, ese campamento al que nunca fui, ese viaje que todavía está en un quizás, ese mensaje que no fue respondido, esa borrachera que no terminó bien, esa materia que no aprobé, ese abrazo que no se va a volver a repetir, esas miradas que ya no se van a volver a cruzar.
    El café caliente y negro, puro, para despertar, la cama que me llama y yo que no quiero soñar más.
    También las tormentas son la temporada que vivimos juntos, aunque separados, pero juntos, esos días en las que no fuimos ni uno y uno, ni dos, ni tres, sino miles y millones, aunque siempre somos miles y millones, pero esa vez lo sentimos, esa vez lo contamos.
    Y ese apunte que hay que subrayar, y leer, y aprenderse para poder repetir. Sí, también las tormentas son eso. NI todo tan poético ni tan terrenal, son un poco de todo, son menjunje, son licuado, son años, son tormentas.

viernes, 23 de octubre de 2015

Po si bi li dad.

Puedo darte un beso e irme. Puedo ser un poco cruel y sincera y decirte que en realidad no me importas, que sos uno más y que si desapareces seguro que esté dos días a media máquina y después arranque de vuelta, como si nada, como si fueses la nada que sos. O puedo dejar que me agarres de la mano, y que me pases el brazo por la cintura sin irme corriendo, puedo recostarme en tu pecho y hablar de cosas que no tengan sentido. Puedo mirar mil estrellas y buscar forma a las nubes. Puedo extrañarte. También odiarte. También odiarla a ella. Puedo querer un poco más, o puedo estar esperando que todo se termine (porque siempre todo se termina). Puedo combinar la risa y el llanto, o esta noche puedo combinar mi ropa con el decorado de tu casa. Puedo dejar todo desordenado e irme. Puedo vestirme e irme sin decirte nada. Puedo quedarme y preguntarte que cómo estás, que cómo te sentís, que qué estás haciendo. Puedo saber de vos. Puedo no saber de mí.
Puedo.
Posibilidad.
Uno.
Dos.
Tres.
Puedo con vos o con él.
Puedo lo que vos no quieras. O lo que sí.
Puedo ser lo que haga bien o mal. (Un poquito de bien te puede hacer mal, te puede hacer; Un poquito de mal te puede hacer bien, te puede hacer).
Y es lindo saber que vos no vas a saber nada de esto. Es lindo porque puedo maquinar como maniática y vos no saber nada. No saber nada de mis mambos, creer que en realidad no pensé ni un poquito. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Mirrors.

El infinito es posible. Si enfrentas dos espejos de forma estratégica se forma una secuencia infinita, que te hace flasharla, que si no te metes en el medio es infinito y seguramente el tiempo entra en una embolia que se vuela su paradoja por sí solo. 
Puede que nosotros nos creamos espejos, cada vez que nos cruzamos con esas personas que creemos "especiales" y que queremos que duren para siempre, y que no nos dejen nunca y toda esa parafernalia que usamos para sentirnos bien y decir que estamos completos y somos felices. Puede que flashemos, sin darnos cuenta, de que somos espejos, y que todas las personas son espejos.
Y en parte es cierto.
Creo.
Puede que seamos un poquito de espejos. Rebotamos lo que recibimos, damos lo que recibimos y recibimos lo que damos, es un círculo vicioso, es una paradoja de espejos eternos, infinitos. Las historias se repiten, los besos abajo de puentes extraños siguen existiendo, y los llantos a escondidas también. Sigue existiendo aquella persona que no cree en el amor y que su cinismo la envuelve y la ensimisma y también sigue existiendo aquella persona que cree en el amor y cree que todo es rosa, que todo es agradable, que todo está dispuesto para concretar su vida marital y eterna.
Cada uno busca lo que puede, encuentra lo que quiere y cosecha lo que siembra. ¿No?.

viernes, 14 de agosto de 2015

Híbrido. Versión 2.

Somos como mulas, somos híbridos. Somos la unión de compuestos distintos pero del mismo género. Somos la fusión de complejos mecanismos, de química, de conexiones neuronales, de destellos más complejos, de cosas fáciles, pero complejas; o tal vez era simples pero difíciles.
Somos híbridos.
Somos como mulas, de vuelta te lo repito. Híbridos que cargan, que son fruto, que van arrastrando mochilas, que no son mejores que casi nada, tampoco peores, pero se creen la mejor parte, la mejor unión, el fruto que no debía ser, que no debía consumarse, pero todo salió mal.
Somos mulas de cargas sociales, de culpas terrenales.
Conjuntos que no debían pero están igual. Pecados quizás, pecadores bajo algunos puntos de vista.
El más loco, el más cuerdo, el perfecto, el imperfecto, y también en femenino, son híbridos, somos. Punto en común, rasgo distintivo, cualidad imposible de escapar, mérito ajeno a la decisión.
Humanos.

Híbridos. Prueba uno, quizás.

Uno más uno no es una persona más una persona.
Vos y yo no somos par.
Un humano más un humano, son dos humanos, no un vínculo.
Las alianzas son utopías.
Las alianzas son híbridas. 
Mutaciones.
Te invito a que mutemos en este sol de invierno.
Porque al clima siempre hay que mencionarlo en un poema.
Porque cuando hay que hablar de vínculos positivos el sol es la clave.
¿Entonces qué hago yo hablando de soles?
¿Qué hago yo hablando de vínculos?
Me quedo con la matemática.
"Ni yo ni tú" dice alguno por ahí, y adhiero.
"Ni tú ni él" dicen otros y deberías responderme vos.
Consumamos mis cigarros, fundámonos en humo.
Crememos las diferencias.
Híbridos, ebrios, mutantes.
Que lágrimas secas sobre hojas amarillas.
Que besos regalados a postores pobres.
Que el mar sin sal deja de ser mar,
Que el idiota sin profetizar el amor no deja de ser idiota.
Que si tus ojos...
Que si el invierno...
Si la compañía...
Híbridos. Mutantes. 

martes, 11 de agosto de 2015

Gris.

Llueve, llueve tanto, no importa si es física o emocional la lluvia, es tu lluvia, sólo tuya, te abraza, te oprime, te envuelve, te suprime. La envidia, la nostalgia, querer ser más, querer ser otra.
Y vagas entre todos tus ideales, como si fueran callejones, laberintos que no te están llevando a ningún lado, paneles que creías transparentes, puros, y hoy no te dejan avanzar, hoy te encierran y se vuelven carga, peso que te ancla en un sólo lugar. 
Hay salidas, pero no las podes encontrar, hay pasos para dar, pero vos flotas, y miras, y reís con frialdad, sin gracia, y tenes abstinencia de risa y de sentirte bien. Estás buscando algo que no sabes, te guías en torno a la nada, te ubicas sin mapa, en realidad, estas desorientada, mirando a la nada, esperando que surja de entre infinitas partículas eso que esperas y que no estás segura qué es. Estarás esperando el impacto, el caer hasta el final, el salir a la superficie y tomar la primer bocanada de aire, estarás esperando la mano que te ayude a salir de tu inmersión, la tijera que te corte las sogas que te atan. No sabes que esperas, ni siquiera estás esperando solamente, pero estás viviendo expectante, añorando un rayo que te parta a la mitad, que te haga sentir, que te vuele todo, que te saque tus prejuicios, estás esperando, quizás, lo que te da más miedo, para poder afrontarlo, y dejar de vivir por vivir y darle la mano a un propósito, a un fin. ¿Estarás rogando sentirlo todo? ¿Estarás bailando una danza sin retorno, camino al infinito del desencuentro? ¿Estarás cantando sin voz una melodía muy trillada? ¿Estarás por vivir lo mejor? ¿Estarás por rozar una vez más lo que añoras? ¿Estarás por llorar la última lágrima? ¿Estarás donde debes estar? .
¿Estarás?.

domingo, 28 de junio de 2015

Miolket, el otro mundo.

En mi mundo utópico, en el que las palabras no lastiman y la gente nunca tiene intenciones de hacerle mal a otro, en ese mundo no se festeja como algo paranormal el matrimonio igualitario, no hay guerras, no hay desnutrición, no hay avaricia ni ansias de poder. En mi mundo utópico no hay que estudiar, te insertas un chip con los conocimientos y eso te queda, no hay moneda ni valor de las cosas, todo es de todos, cada uno fábrica bien y por placer, todos hacen algo, son funcionales y felices. En mi mundo utópico no hay horario para fiestas ni para ir a dormir, cada uno actúa cuando quiere, las responsabilidades se cumplen con ganas y al ritmo de cada uno, los amores no son posesivos, los hijos son de todos, recorrer el mundo no es algo extraño ni imposible, en mi mundo utópico viajar no es un lujo, en mi mundo utópico todos viven con sus necesidades satisfechas, siempre siendo mejores para sí mismos y no en comparación con otros. En ese mundo las cosas se comparten, los amores no defraudan, las horas en las camas son eternas, el sexo no es tabú, la amistad es sincera, las mentiras son verdades, los besos se dan sin preámbulos, las charlas se dan entre todos, el acceso a los libros de culto no es para unos pocos, el conocimiento es parte de todos, y el placer de leer se pude satisfacer sin tener que ganar fortunas para conseguir un libro. En mi mundo utópico la poligamia no es mala palabra, la bisexualidad no es de pocos, lo que hace el otro siempre está bien, y se comprende, se lo analiza y se lo acepta, los prejuicios están abolidos, en mi mundo no existen armas, no hay lucha, ninguno de sus habitantes necesita satisfacer ese sadismo, las muertes no son tristes, sino un paso más, y siempre hay fiesta y alegría en el aire. En mi mundo no todos cantan, hay quienes lloran, hay quienes no sonríen, y hay quienes lo hacen todo el tiempo y otros que están en el limbo y promedio de las realizaciones.
Mi mundo es utópico, de vez en cuando voy y miro a sus habitantes, añorando ser más como ellos, queriendo tener más de ellos a mi alrededor, queriendo tener los momentos felices como eternos, sin acostumbrarme nunca a ser feliz y por ende no aburrirme, cuando me escapo y los visito vuelvo feliz, con nueva perspectivas y a la vez decepcionada de no encontrar en la realidad todo eso que plasmo en la utopicidad.
Quiero conquistar mi mundo y quedarme siempre ahí, feliz, infantil, inocente, sin odios ni rencores, sin expectativas sin cumplir, con camas de nubes y calles de colores.

jueves, 28 de mayo de 2015

Vencedores y vencidos.

Perdimos cuando definimos que ser maestro era una conveniencia y no una vocación.
Perdimos cuando elegimos las profesiones por las retribuciones económicas que íbamos a recibir y no por el placer de realizarlas.
Perdimos cuando dejamos que otros elijan por nosotros.
Perdimos cuando dejamos de ver al otro como un otro y lo vimos como una herramienta.
Perdimos cuando le dejamos todo al destino, y no actuamos más.
Perdimos cada vez que le echamos la culpa a cupido de siempre enamorarnos del mismo prototipo de persona.
Perdimos todas las veces que no nos hicimos cargo de lo que hicimos.
Perdimos cuando no tratamos de aprender más.
Perdimos desde esa vez que empezamos a mirar más el otro, sin darnos cuenta que los que miraron primero fuimos nosotros.
Perdimos y vamos a seguir perdiendo.
Ganamos cada vez que sonreímos con todas las ganas.
Ganamos cuando sabemos que dimos todo, aunque no haya sido suficiente, pero no había más para dar y lo quisimos dar.
Ganamos cuando no criticamos al otro y tampoco nos miramos el ombligo.
Ganamos cuando acariciamos a un perro por el hecho de ser perro.
Ganamos cuando no pensamos en si va a haber consecuencias positivas para nosotros y actuamos igual.
Ganamos cuando queremos ayudar al otro.
Ganamos cuando decidimos.
Ganamos cuando nos la jugamos.
Ganamos cuando recibimos abrazos de personas que nos llenan.
Ganamos cuando podemos transmitir lo que pensamos.
Ganamos cuando bailamos libres.
Ganamos cuando no nos encierran los estereotipos.
Ganamos cuando nos dejamos sentir.
Ganamos cuando nos damos cuenta que la educación es la base.
Ganamos cuando podemos darnos cuenta que los políticos no son todos buenos, y podemos hacer algo.
Ganamos cuando nos despertamos de las mentiras.
Ganamos cuando somos conjunto.
Ganamos cuando nos dejamos ser frente a un otro, y cuando un otro se deja ser con nosotros.
Ganamos un poquito de humildad cuando perdemos.
Ganamos cuando somos fuertes y resistimos.
Ganamos cuando nos damos cuenta que no damos más y nos quebramos.

viernes, 6 de marzo de 2015

¿Qué somos?

Somos frecuencia, somos miles de partículas que tienen miles de millones de partículas más y que se mueven entre otras tantas miles. Y si miramos para arriba, y si miramos para abajo hay miles de millones de cosas más, de cositas efímeras y eternas, de vidas que nunca empezaron y otras que quizás nunca terminen, o no como nosotros. ¿Y quién dice qué es qué? ¿Quién dice que arriba es el arriba que creemos y que abajo es el abajo que creemos? En realidad todo es relativo, hasta la relatividad, hasta esto, todo y nada, nada y todo, un poco, un poco nada, un poco mucho, algo, eso, esto, aquello, nada se sabe, todo es ignorado.
Fue estar tirada en una terraza, después de los mates, el porro y las charlas, tirarse a mirar las estrellas, a buscar, a tratar de entender ese algo más que hay por ahí, eso que no es acá, que no soy yo, que no es esto, que es eso de algo más de lo que no conozco. Reflexiones quizás filosóficas, sin saber nada de filosofía, es esa filosofía barata que está en el común de la gente, la vulgar, a la que llega cualquiera si se fumó uno y tiene compañía para comentarla.
Hoy creo que soy libre, así me siento, así lo quiero ser. Libre del ojo cercano de mi familia, libre de quedarme levantada mil horas, libre de despertarme, libre de dormirme, libre de comer o no, también un poco más libre de mí. Hoy soy sol, soy viento, soy libertad, soy eso que estuve ansiando tanto, tengo eso que busqué y esperé por tanto tiempo, y aunque tiene sus momentos aburridos, sus momentos bajón, estoy contenta con lo que tengo, con lo que hago, con lo que puedo hacer, hago lo que quiero cuando quiero, menos dormir, menos dejarme a mí de lado para siempre.
Porque es algo que nunca nadie va a dejar de ser, no como humano, no como ser vivo, no en la vida que conozco, y es dejar de estar con uno mismo. Me puedo perder de todos, estar sola, refugiarme en un campo en el silencio, en la nada, en la muerte, pero hasta voy a morir conmigo, voy a estar conmigo por el resto de las eternidades que siga siendo yo. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Mi árbol.

Tengo un árbol, al costado de la ruta, es un árbol viejo y grande, que se expandió, que seguro tardó sus buenos años, y yo lo elijo ahora que ya está crecido, y aunque se caiga va a ser mi árbol.
Porque los árboles si se pueden elegir así: cuando ya crecieron, cuando ya maduraron. Ese árbol tiene tantos puntos opuestos a mi, a mi hoy, tan crecido, tan ramificado, tantas tormentas que ha pasado, y yo que recién arranco, que todavía me falta terminar el año para tocar la segunda década, que soy un yuyito entre miles de pastizales, que no soy fuerte, que me doblo, que cambio de rumbo, que divago, que me pierdo y que me camuflo.
Soy un yuyito sin corteza, sin ramificaciones, soy quizás semilla. Y hoy empecé a crecer en un nuevo suelo, en una nueva tierra desconocida, para salir al mundo, para ser como mi árbol, hermoso y perfecto en su inmensidad, en su grandeza, en su arboleza.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Corazón blando.

Quería un principito, de esos que llegan cuando estás mal y te abrazan, que son como frazadas para indigentes en plena nevada, en el medio de la nada. Quería un amor que me rompa los huesos, que me descosa todas las heridas y me las selle con cariño, con besos. Quería las pasiones de las películas, las llamadas de amor, las cartas empalagosas, las serenatas, los paseos por todas las plazas. Quería todo eso que ahora ya no, porque lo veo frívolo, volátil, inverosímil, chamuyado, puras mentiras, patrañas, porque ahora ya crecí y dejé esos sueños, para soñar con árboles verdes, hamacas eternas, cielos celestes, mares claros y arenas limpias, cambié las pasiones de personas por la pasión por el sol, por el verano, por la naturaleza, por la vida. 
Cambio todos mis segundos de sueños atolondrados por un deseo que se cumpla y una canción en mi memoria.

DeSPErtar

Abrió los ojos para darse cuenta que todo era distinto, que las cosas eran las mismas pero su forma de verlas había cambiado, se despertó para saber que nunca más iba a ser ayer, que nunca más iba a volver a ser esa persona que había sido antes.
Los golpes, los días, las horas, los besos robados y los regalados, las noches de alcohol y las de tormentas, las drogas, las luces de la mañana, los paseos en bicicleta, los mates en la playa, todo eso y más, los abrazos, los rechazos, todo, todo, todo la llevó a donde llegó, a su actualidad, a su "ahora" y ya no va a volver a ser, no puede deshacer nada de lo vivido, por más que quiera, que llore, que añore, la máquina del pasado ya no tiene arreglo.

martes, 17 de febrero de 2015

MateAR

Mates con amigas, martes de mates con amigas, martes que nunca son martes porque son cualquier día, porque es verano y los mates con amigas no se suspenden, pueden mutar a tererés, o cafés, o panqueques, o chocolatadas, pero son como mates de martes con amigas, como hoy tomando mates con mis amigas.
Es algo tan común, algo tan lindo, el mate que se pasa, que si está feo, que si está caliente o muy dulce, si es amargo también o si está frío, siempre hay algo para decir, hasta el ¡qué rico que está, ceba siempre! Es estar entre amigas y hablar, mientras el mate pasa, mientras nuestras babas se unen y nosotras, quizás, nos unimos más, vamos aprendiendo más de la otra, sabiendo un poco más de esas otras personas de las que ya sabemos un montón.
Mis amigas, los mates, los martes, el verano, la música, la lluvia que nos mojó y nos hizo meternos adentro para después volver a salir, las hormigas, las galletitas, el mate y la bombilla, cositas chiquitas, cositas grandes, todo eso que no sé si va a ser por siempre así, que no sé cuánto va a durar, que no quiero que termine, que no me lo quiero perder, porque siempre es martes de mates con amigas, siempre quiero tener a estas amigas y que todo siga igual de bien, o mejor. Hoy quiero que siempre sea martes, y haya mate y haya amigas.

lunes, 16 de febrero de 2015

Amebusa

No tengo una forma definida, siempre estoy cambiando, me podes encontrar en los lugares más podridos o en lugares tan prolijos que dan asco de lo limpios y perfectos que son. Como cualquier cosa y me dejo llevar siempre por la corriente. Vengo de parte de uno y dejo otra parte de mí para que terminen siendo dos. 
Corrientes cálidas y también frías me arrastraron, vengo de lejos pero nadie sabe en realidad de dónde, soy una en un millón, soy igual a tantas, no me diferencio en nada, me dejo llevar y a donde la corriente decida es a donde voy a llegar, nunca llevo la contra: no tengo cómo; no importa si voy sola o si hay más, a fin de cuentas siempre voy a ser solo yo, con mi única célula, súbdita devota de los protistas, ameba de las dubias, una ameba más entre toda la masa del mar, del reino, del mundo, una ameba que si se le acercan te va a "picar" a hacer doler, lastimar. Porque soy ameba, inofensiva si no me tocas, inofensiva si no te me acercas. 
Soy ameba y en realidad no, soy ameba pero medusa, soy medusa mutada, medusa que no se mueve y ameba que ataca.

lunes, 19 de enero de 2015

perder y/o ganar.

Alguna vez, quizás, puede que me haya puesto a pensar que perdía cuando perdía, probablemente siempre piense qué pierdo cuando pierdo. Pero, ¿Qué pierdo cuando gano? ¿Qué gano cuando gano? ¿Y si perdiera siempre y en realidad ganara? entonces ganaría y dejaría de perder y cuando en un principio sea ganar en realidad sería perder, y no hay forma de saber cuando es ganar y cuando es perder, menos si se intenta abarcar todos los puntos de vistas y universalizar las situaciones y las ganancias y las pérdidas. Puede que se pueda decir que se gana experiencia siempre, hasta cuando perdes. Creo que perder no es tan malo, que siempre tiene su lado bueno, creo que prefiero perder, aunque no todo, claro. Porque si ganas cuando perdes cuando ganas también perdes y apartir de eso seguís ganando y perdiendo eternamente hasta que el segundo ese se termine, hasta que la cadena termine en una bomba de partículas en el espacio, o en nada, o en una hormiga que ya no tiene hormiguero. Cuando se gana se pierde, y cuando se pierde también se gana. No hay decisión que evada las pérdidas o las ganancias, no son impuestos, es vivir. No quiero ganar para no perder, quiero perder para en realidad ganar, porque no me gusta perder, no quiero perder, ni tampoco ganar todo, no quiero ganar lo malo, eso es lo que hay que perder, no me quiero perder lo bueno, eso lo quiero ganar.