miércoles, 3 de diciembre de 2014

Huellas.

Borremos la huella del pasado, borremos la suela de la zapatilla aquella, pisoteemos todo para que no se entienda nada, que haya tantas marcas que no se pueda saber cuál de todas fue la primera, ni cuál de todas pisó más fuerte.
Es poner una zapatilla, sacarla y enseguida poner otra, para no recordar, para no saber cuál es cuál, quién es quién, para perderse y ya dejar de intentar descifrar y sacarle las ganas de conocer a todo aquel que lo trate hacer.
Zapaterías completas, huellas eternas, por más que la misma suela pise muchas veces nadie lo va a percibir, es un amasijo de huellas, de zapatillas con pies, de personas, de vidas que pasaron por otra vida, pisotearon, destruyeron y se fueron. En realidad, para esos pies sólo fue una piedrita que patearon en la vereda, o un dibujo que hicieron en la arena y se lo llevó el agua. Para esos pies, la huella no quedó. Pero sí.

martes, 28 de octubre de 2014

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Voy a escribir sobre muerte, sobre tu muerte me dijo, y ahí no más, tras el punto final desaparecí.

martes, 14 de octubre de 2014

instrucciones para cuando me muera.

Quiero que cuando me muera no digan lo mala que fui, no cuenten de todas las drogas que consumí ni enumeren todos los sapos que bese o todas las pijas que chupe, no quiero que cuando me muera recuerden la materia que me llevé en cuarto de la secundaria, ni que tampoco recuerden de todas las veces que me enojé, quebré o lloré.
No quiero que cuando me muera las personas que me caen mal se regocijen de felicidad, no quiero que las personas que quiero lloren o sufran, no quiero que haya funeral ni lágrimas, ni despedidas.
No quiero que me escriban en redes sociales.
Quiero que me olviden, que de ser posible hagan de cuenta que nunca existí, que mi existencia haya tenido el fin de no existir. Y si se acuerdan de mí quiero que puedan largar carcajadas y escuchar música alegre, que miren el sol y sepan que yo hubiese sonreído, que sepan que hubiese defendido hasta al más culpable de todos los culpables si en el momento estaba ausente. Pero que no se acuerden, que no digan nada, que sea un día más, una muerte más, un cuerpo más desaparecido en el planeta.
Quiero que mis cosas desaparezcan junto conmigo, que se queme todo, que todo se haga ceniza, que se evanezca mi presencia del pasado, del presente de la muerte y del futuro. Que no quede nada. Que nadie haga nada.
Si me muero, sigan viviendo como si no hubiese vivido.

viernes, 3 de octubre de 2014

Fin

Se terminó el libro, ya no es libro para mí, es un montón de letras en un montón de hojas. Se terminó. Lo terminé y ya no queda nada de libro. ¿Y ahora qué? ¿Qué va a ser de mí cuando termine? Muerte. Lugar común, tópico cliché diría él; pero la muerte va a llegar, el final ineludiblemente va a estar. Terminé el libro, ya no tengo su compañía, pero de vez en cuando lo abro y vuelvo a leer unos cuentos, unos párrafos. Laberinto de depresiones por terminar un libro. Evasiones eternas a las responsabilidades que agobian, y quiero terminar yo también, terminar acá, joven, perdida, satisfecha, feliz de a ratos, sin libro, sin tareas cumplidas, hermosa, borracha, terminar por terminar, para cumplir con algo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Caminar.

Un pie adelante del otro, y ahora el pie de atrás adelante, el otro, el segundo adelante, el primero, el segundo, el primero, tropezón, una vuelta, palmada en la espalda y un pie adelante del otro.

martes, 16 de septiembre de 2014

Señoras Muerte

En el vaivén de la marea se encuentran, ellas tan siniestras para el vulgo, para los miedosos que temen a su destino. Reflejo exacto de tu vida, de tu camino, y a la vez imperfecto, con esa onda sutil que desequilibra el reflejo, con esa vida tras la vida que se esconde en el cauce. 
En el reflejo del río encuentro a mi muerte, siempre expectante de lo que haré, sin apresurarse, sin apresurarme, esperando que mi destino llegue a su fin, que su hora comience, entre las olas se esconde, pero yo la veo, porque sé que está ahí, y se que tu muerte también está ahí. Muerte como ser, no como acción, muerte vista como parca, ese ser vestido de negro, con capucha y hoz, ese ser terrible para muchos, ese ser que sé que me acompaña a morirme un poco más todos los días, y que vela por mí para que no le lleve a ella los males de mi vida. Muerte que vive a la par mía y morirá junto conmigo, de la forma única que moriremos nosotras, de la forma única que muere cada uno. 
El universo de las muertes que se esconden de sus vivos, se pliegan entre las sombras, en los reflejos se las ve pasar, y en la oscuridad se expanden a más no poder; Entre muertes se saludan al verse pasar, entre muertes saben cuánto van a durar, cuando saben que pronto alguna se va a marchar la visitan y le dan la mano, dejan a su vivo para visitar a su camarada.
Fiestas de muertes mientras dormimos, gritos y saltos, hoces en el aire, capuchas bajas y capas que vuelan, muertes que se vuelven locas por no poder dormir y que amanecen siempre con su vivo, fieles y expectantes de los días, esperando su muerte como pase a su libertad.

lunes, 25 de agosto de 2014

Santa Rosa.

Gota sobre gota. Pena de un gigante que se esconde en un rincón. Gotas intermitentes, viento feroz. Llanto convulso por un corazón roto, por un herido más en nombre del amor. Los labios que se muerden, las lágrimas que inundan y no dejan descansar, el sol de sus ojos que se cubre, las palabras que lastiman y se quedan marchitando los días estivales de cuando hubo amor.
¡Ay si supiera usted que sus lágrimas ahogan! ¡Ay de nosotros, pequeños sumergidos en un llanto sin fin, en un cuento de gigantes heridos!
Ya sabemos que se va a calmar, que la pena se va a superar, pero deje ya de llorar que está plasmando todo su  mal en almas sin culpabilidad.

viernes, 22 de agosto de 2014

Hoy 22

No importan ya las idas ni las vueltas, importa andar, en presente, que si la lluvia, el barro el viento, de esas cosas no hay bajo mis pies, no hay conmigo, tampoco soles ni azules, ni verdes, ni primaveras... 
Bocas que dicen que invierno, o que otoño, conclusiones apresuradas para estos días sin son, sin ser... Ritmos en la bambula de mi ropa, ritmos en mis manos que se chocan, en mis pasos des-acompasados que no van a ningún lugar, que no me llevan a ninguna parte y sin embargo se mueven, que para allá o para acá alejándose o acercándose a sabe quién qué cosas. 
El tiempo es el único que sabe de exactitudes, de idas pero no vueltas, el tiempo que duele y que quiero olvidar, y cuando me estoy esforzando por olvidar todo y dejarlo atrás junto con los segundos pasados lo olvido, vuelo en blanco y ya no hay pies, ni bambula, ni siquiera tiempo, tampoco hay ritmo, hay blanco vacío, blanco infinito, blanco-blanco, blanco, blanco y más blanco, ni abrigos, ni bocas, ni dagas en palabras, tampoco hay nada, hay blanco. Hay infinito puente blanco sin puente, sólo blanco.

sábado, 9 de agosto de 2014

Tranc

La mano que raspa la tela del bolsillo buscando a toda costa la moneda que ya gastó, mano que se encuentra con los resabios de sus drogas y la cabeza perdida que indica la vuelta al cuerpo dormido. De entre las sombras de la noche surgen monstruos y reinos y las piernas se mueven en un ritmo dispar. ¿Qué será de la noche que aun no termina de empezar? ¿Qué será de todas esas cosas que la boca escupió sin pensar ni filtrar?
Luces que titilan, veredas que se mueven, ciudades que respiran, y el mundo se convierte en pañuelo y las horas en segundos, bajo los pies todo pero se siente nada, cabeza perdida, mirada extraviada, voces, voces y más voces. Cadencia o candencia, ya no importa el vocabulario, de vidas sin nombre, incógnitas para tantos. La vía se vuelve una, embriagar el alma, des-encontrar las responsabilidades y flotar en una tierra de nubes, en piedras de algodón y en bolsillos sin monedas. 

miércoles, 16 de julio de 2014

Avanzar

Tropiezo más de la cuenta pero doy una vuelta y vuelvo a empezar, un paso tras otro, y el tropiezo queda atrás. No importa si rozo el suelo con mi cara o si lo llego a tocar, siempre voy a continuar. Porque tengo que llegar a algún lugar, porque frenar y descansar no está en mi plan, porque así me acostumbré, porque descubrí que siguiendo puedo dejar todo atrás.
Troto de vez en cuando, cuando me acuerdo, en el parque del pueblo, hago el principio del circuito como todo el resto y después me desvío por otros caminos, por otros pasos; he caído, he tropezado, pero siempre termino. Mientras el sol me da en la cara y el viento de invierno me hiela la cara transpirada troto, camino, corro, lo que sea, avanzo, sigo mi camino.
¿Y como esperas, sabiendo eso, que yo me frene ante la incertidumbre? Estoy segura que si sigo avanzando el camino va a aparecer, o lo estoy marcando yo y de alguna manera voy a llegar al final. No me voy a dejar vencer, no voy a quedarme tirada lamentándome por la rama con la que me tropecé, no me voy a quedar en la nada, con las manos vacías. Quizás pueda frenar unos días a llorar o sentirme mal, pero siempre voy a resucitar para pelear, para dar todo por más, para conseguir lo mejor que pueda tener, aunque quizás eso no sea lo mejor que exista para todos, pero sí para mí. 
Así que a vos que me tiras abajo todos los planes, que le encontras un problema a cada solución, que me pones la traba en vez de darme la mano y correr a la par mía, a vos que no te esfrozas, a vos te digo: yo voy a intentar, no me trates de frenar, los obstáculos se quedan atrás en mi ruta y aunque no llegue al final voy a hacer lo imposible por hacerlo.

viernes, 11 de julio de 2014

· · · · · ·

El libro que yace sobre la mesa mientras intento dormir, digo que intento dormir porque en realidad estoy escribiendo y pretendo sacarme de la cabeza los mil mambos que me acechan, mil mambos que no son tantos ni tan graves, y quizás el libro no está sobre la mesa y yo no estoy tratando dormir, tal vez el libro está sobre la cama y yo me dispuse a escribir, o a esquivar mis otras obligaciones que siempre son peores que escribir. Pero a fin de cuentas el libro está y yo también, no importa realmente donde estamos ni donde deberíamos, y a decir verdad, ni si realmente estamos, porque siempre se puede dudar de la existencia, pero en este caso, voy a suponer que estoy, que soy, y que el libro por las vueltas que hayan sido, hoy está acá conmigo. Quizás podría haber sido un libro nuevo, con el olor de recién impreso, hasta recién salido de la imprenta y comprado con dinero que no tengo ni tuve para comprarlo, pero no, es un libro viejo, y no por eso menos valioso o menos lindo. Me gusta que sea viejo, que haya pasado por otras manos, y saber, tener la certeza, que va  a seguir pasando, esa es una de las ventajas de ser socia de la biblioteca del pueblo, tengo la seguridad que la historia sigue, no la del autor, el la terminó o no, según el texto, pero el libro sigue, tiene su historia, las manchas, las marcas, los dibujos, las firmas, tiene vida el libro objeto, además de la vida que lleva consigo en los signos, en el texto. El libro es vida, la vida es un libro, aunque quizás no, pero sí el libro es vida, si el libro tiene historia, si el libro existe, si se tiene en cuenta que existir es estar y en este caso compartir un lugar físico, si existe, tiene historia, tanto el libro nuevo como el libro viejo, la hoja sin palpar y la contratapa también, la vida es historia, la historia es vida, la vida entra en mil hojas o en una, en un renglón, tiene mayúsculas para empezar y punto al terminar.

lunes, 7 de julio de 2014

Máscaras.

Máscaras. 
Máscaras sobre la piel, de piel también; que ocultan, que mienten verdades, que fingen mentiras, que callan gritos y escuchan silencios. 
Máscaras que me persiguen, que me atormentan, que buscan lo que no doy y piden más de lo que tienen.
Máscaras que poseemos todos, máscaras que somos todos. 
Máscaras que arrastro conmigo y tras de mí. 
Máscaras que me condenan y no me dejan libertad. 
Máscaras que masacran las sonrisas y los ratos de felicidad. 
Máscaras que poseen poder, que dan bendiciones y veredictos de muerte. 
Máscaras que también son palabras, son dagas, son vida y muerte. 
Máscaras que son espectros del pasado y terrores del futuro. 
Máscaras que me dan miedo, pavor, terror, pánico, ganas de escapar. 
Máscaras que me rodean, que me abrazan en un espiral de oscuridad, que me absorben, que me arrastran a ese más allá que no quiero entrar. 
Máscaras que existen, que son, que desaparecen y vuelven. 
Máscaras volátiles, efímeras y a la vez eternas.

jueves, 26 de junio de 2014

Bla Bla Bye

Bocas, bocas que hablan, que emiten sonidos y se mueven, sin parar, pretendiendo no dejarme pensar - Ana, ¿escuchaste lo que dije? ¿estás en este mundo?
No, ya me fui hace rato, estoy de viaje de ida al espacio, al infinito, alejandome de todo lo que conozco, estoy en el viaje de ida que se llama vida, no hay vuelta atrás, no hay paisaje de desvío ni cruva que se pueda esquivar, todo todo está en el plano de ruta, todo todo está escrito. Cada cosa que haga ya está planeada, cada cosa que digan no la voy a escuchar.

lunes, 23 de junio de 2014

Continuo

Saltar al vacío y esperar la caída. El limbo en el que floto, el precipicio que me eleva, el suelo que puede impactar, o el globo aerostático que me puede salvar. Caer no es tan malo, llegar al fondo en la oscuridad tampoco, el vaso tiene agua no importa si más o menos de la mitad, hay que tomarlo porque tengo sed, hay que llegar al fondo para subir, hay que ver el final, quizás el final no es final: es principio. Y, quizás, lo que creo final es principio, o tal vez, no hay ni principio ni fin, sólo hay, un círculo vicioso, un eterno paradigma, una constante invariable, la vida es una asíntota del final. El final quizás no sea la muerte, la muerte no debe ser el final, el final es el cero, la nada, más nada que la nada misma, no existe porque no es, no hay porque no se vio, no puede existir el final, no como lo imagino yo, quizás si como lo imagine otro ¿qué me importa lo que imagina otro? para mí no hay final, hay muerte, hay fondo, pero no final, hay oscuridad, hay claridad, hay vida después de la vida, hay  muerte después de la vida de la muerte, pero no hay final, hay existencia eterna, cuerpos en el más allá, partículas que llenan la nada y que atestan el vacío, siempre hay principio, siempre hay comienzo, siempre hay nunca y nunca hay siempre. Pero jamás nunca hay final.

sábado, 24 de mayo de 2014

Metamorfosis

Me quiero morir, me voy a morir, seguro.
Morirme porque creo que te morís cuando cumplís con el objetivo pautado en tu destino para vivir. Supongo que el día antes de que te mueras debe ser el mejor, como las mariposas. Viven tanto tiempo siendo orugas, siendo feas, estando encerradas en sí mismas, y sólo el último día salen, vuelan son libres, hermosas, perfectas. Quizás pase eso con los humanos: te morís cuando llegas a esa perfección. El día antes de morir debe de ser el mejor día de tu vida, porque es el último, y lo mejor siempre se deja para lo último.
No voy a llorar con la muerte de nadie, me lo digo ahora que todavía tengo a mis parientes cercanos vivos, no voy a llorar por ellos porque están mejor, no en el paraíso, sino en un estado superior, en una vida libre, en el aire, en el sol que da a la mañana, en las olas que rompen en la arena, en la lluvia que se cruza con el sol y forma el arco iris, en la vida del mundo, del planeta de la galaxia. Me voy a morir para pasar a un estado superior, y me voy a morir cuando me tenga qué morir. Porque apurar las cosas no siempre es llegar más rápido, quizás es no llegar nunca. Y yo quiero ser el vientito que dé en la cara de futuras generaciones, la lluvia que empape hasta las huesos y por la cual después te duchas con agua caliente y te tomas una chocolatada caliente envuelta en una frazada abrazada a algún amor mientras miran una película en ese sillón rojo cliché de las pelis de amor. Quiero ser la sensación que abraza las almas de los músicos cuando componen, las sonrisas de los nenes chiquitos, los puntitos de energía que van flotando por el aire y se ven en verano. Quiero morirme para poder ser más. Mientras tanto disfruto de otros muertos que me dejan esos pequeños placeres en mi vida.

viernes, 25 de abril de 2014

Cortar.

Tomo el cuchilllo, con mi mano hábil: la derecha, lo empuño y lo hundo, corro la mano hacia atrás y hacia adelante, para que corte, que no quede nada sujeto a nada. Corto una vez, corto de vuelta, a la tercera ya tengo la técnica, ya tengo práctica y ya tengo dos rebanadas de pan.
Quizás esto de las obsesiones sea igual, hasta no ponerle fin no sabes como es, no estás seguro de como agarrar el cuchillo, ni de que grosor querés la rodaja, una vez que lo hiciste, que cortas, te empezás a acostumbrar, y hasta quizás llegues a la conclusión que es algo bueno, que no hace tan mal, que no es tan difícil, que separarse no es tan doloroso, sólo es eso, ni más ni menos: separarse, cortar un pan.

viernes, 11 de abril de 2014

Viernes

Una vieja que pone la reposera en la vereda de su casa, al lado de la puerta, para ver la gente pasar; la gente que la conoce la saluda, los nenes le sonríen, y ella, anciana, arrugada, les contesta feliz, con el sol entre los ojos y un viento suavecito que le mueve el pelo ya gris. 
Las hojas amarillas corren sobre la vereda, es parte del otoño esa danza, también es parte del otoño el abrigo que cubre los cuerpos de todos, mientras el sol, débil, acaricia las cabezas.
El hombre que va apurado en su auto no espera a ver como su hijo entra a la escuela, lo deja en la esquina: para hacer más rápido; y el hijo nunca entra en el colegio, se va con sus nuevos amigos que le prestan más atención y le ayudan a evadir el dolor de la ausencia de su progenitor, quizás con drogas o sólo con juegos de adolescentes.
La mujer que hace las tortas caseras hoy está haciendo huevos de chocolate, porque se vienen las pascuas y eso es lo que lucra, ella sí le presta atención a sus hijos, aunque eso implica que duerma menos, y aunque algunas veces se enoja, también ríe más que el hombre con prisa.
Y yo, estoy escribiendo, refugiada del sol, quizás debería salir y correr, competirle al hombre, sonreirle a la viejita, comprarle un huevo de pascua a la mujer
o no.

domingo, 6 de abril de 2014

Ayudar te

Palabras, escritas por mí, o por vos, salen, se expresan, te transmiten, te transportan, nos conectan, nos acercan, son una caricia a miles de estrellas de distancia, son el recuerdo de algún otro, que te hace llorar, reir, entender. Son la forma de decir, de cantar, de abrazar, la compañía de la soledad, la soledad de la compañía. Son palabras, sólo palabras, que dan, que piden, que viajan, que vuelan, que existen para vos y para mí; que sacian mis ganas de desahogar lo que tengo adentro, y puede que también las tuyas. Son palabras mágicas, algunas atroces, feroces, de las que lastiman hasta las lágrimas de dolor, y otras, por el contrario, son las que te dejan un poquito de la felicidad ajena, el final feliz, la sonrisa compartida.
Quiero que las palabras que salen de mí lleguen al mundo, naveguen por el aire, salgan del planeta, visiten la galaxia y todos los lugares, que ayuden, que levanten al caído, que abracen al solitario, que callen y dejen gritar al agobiado, quier que mis palabras te ayuden a vos, extraño, quiero ayudarte con sólo palabras, con la intención de salvarte, de abrigarte.

¿Mañana podes?

Posponernos. Retrasar el encuentro como si fuera un buen sueño, un buen final. Ya me da miedo pensar que lo voy a vivir, que nos vamos a desvestir. Porque tengo más prejuicios que pasado, más miedo a lo nuevo que lo que muchas veces pretendo aceptar. Te apuro, me apuras, retrocedemos los dos, perdemos, en realidad, empatamos. Ayer, hoy, la próxima semana, tal vez mañana, en otra vida. 
No sólo quiero arrugar sábanas y dar unos cuantos besos, quiero poder reirme con vos, que seas mi amigo, que te conviertas en eso que espero y que dudo que puedas lograr ser. Igual, te voy a ayudar a que seas lo que creo pretender, porque tengo más ganas de encontrar eso que vos de serlo. Te voy a dar el disfraz, el guión, la escena, te voy a dejar el personaje servido, para que seas perfecto en el momento, tomalo a su debido tiempo, con la calma necesaria, que necesito que lo seas. 
Hoy quiero empezar con una historia diferente, y puede que tenga ganas que seas el muñequito azul de mi historia. Te aviso, desde ahora, que tengo lugar para más muñequitos azules, y quizás sea que quiero tener a todos y no sólo a vos, voy a probar. Prometo esforzarme por devolverte lo que me das, lo que sea que me des, prometo tratar de devolvertelo.
Voy a tratar, también, de que nuestros 'mañana' no sean más 'mañana' que se hagan 'hoy', no quiero futuro, quiero presente.

sábado, 5 de abril de 2014

S o y

Soy. Sos. ¿Que soy? ¿Que sos? ¿Somos? ¿Que somos? ¿Somos del ser, o del no ser? ¿Ser o no ser? ¿Humano o Marciano? Humano por la Tierra, el humus, creo. Marciano por Marte. Quiero ser cucaracha, pero tengo etiqueta de Humano, de Ser humano, de persona.
Soy la amiga que escucha y da consejos. Soy la que se enoja rápido. Soy la putita que está con todos y no le gusta nadie. Soy la que dice que se enamoró una vez, la lastimaron y nunca más probó. Soy la que maquina. Soy la nerd. Soy la que le gusta enfiestarse. Soy la hija mala, rebelde, drogona, puta. Soy la que habla mucho. Soy de la que se copian la tarea. Soy la que lloró con su primer 1 en la escuela. Soy la que tiene miedo de arriesgar, pero que le gusta la adrenalina que siente cuando hay todo por ganar y perder. Soy pobre de bondad. Soy para algunos una pendeja, para otros una mujer, para mí, una estúpida. Soy la que baila descontroladamente. Soy la que escucha lo que le dicen y se lo olvida. Soy la que tiene preámbulos para decir las cosas. Soy la miedosa. Soy la desconfiante, pero también la confianzuda. Soy libre, hasta la vereda. Soy presa, de mi mente para afuera. Soy estudiante y delirante. Soy droga de alguien que no conozco, quizás. Soy de las que le tienen miedo a los absolutismos, nunca es siempre, siempre es nunca. Soy de las que les cuesta soltar el pasado. Soy la que busca la herida más leve y la trata de hacer parecer profunda, y ahí canalizo todo mi 'dolor'. Soy exagerada. Soy yo. Soy humano para el resto, cucaracha para mí, hormiga otras veces, caracol, bicho bolita, dios. Soy agnóstica. Soy lo que no quiero ser. Sos lo que veo, no me importa más. Soy superficial. Soy egocéntrica. Soy repetitva. Soy perseverante. Soy inaguantable. Soy eterna y fugaz. Soy por como fui, seré por como soy. Soy fama, pero quiero ser cronopio Soy lo que hay. Aunque no sé qué hay exactamente; ni que soy; ni que quiero, ni de mí, ni de vos, ni de nadie. No sé. Puedo enumerar miles de cosas más, puedo escribir todo el día sobre lo que creo ser, lo que creo que pretendo querer, y terminaría igual, en nada, en no saber, inconcluso infinito. Soy yo, ella, vos, él. Soy nada. Soy nadie. Soy todo. Soy universo. Soy mundo. ¿Soy?

miércoles, 26 de marzo de 2014

Sentidos.

Salí de una casa, no importa que casa, no importa la salida, y tampoco el final, no ahora. 
Por abajo de la planta de mis pies, de las medias y de la suela de la zapatillas pasa tierra, piedras, pasto, camino. Es la calle que cruzo por la mitad de la cuadra, es la vereda llena de pastos, llego a la esquina y doblo, voy sobre la avenida, los autos pasan al lado, lejos, pero al lado. Hay un árbol en la mitad de la vereda, casi a la mitad de la cuadra, ¿será una señal de que todo está a la mitad? no creo, camino, mirando el cielo, agarro unas hojas del árbol, al azar, para matar las manos vacías al caminar, saco 4 hojas ¿señales? no, no hay nada; trituro las hojas lo más que puedo con mis dedos mientras camino, cuando ya no puedo más las dejo sobre la palma de mi mano y las soplo, el viento me ayuda y se las lleva, un colectivo pasa y quedan ahí, por ahí, en donde no sé, a donde va todo y nada, a donde no estoy yo ahora. Sigo caminando, cruzo avenidas, gente, semáforos, camionetas, autos, colectivos, bicicletas, motos, una estación de servicio, cables que cuelgan por sobre las cabezas, por el aire, zapatillas gastadas y zapatos lustrados, ojotas no porque ya es otoño, porque ya hace frío. Sigo caminando, freno en algunas esquinas para que no me atropellen, pero no me doy mucha cuenta si vienen autos, si me pueden pisar, me guio por el instinto que está medio dormido. Las luces ya están prendidas, son naranjas, los negocios tienen los carteles prendidos, el neón es el protagonista. Cuando llego a la zona céntrica ya no tengo hojas para triturar, ni cables para mirar, las baldosas están tan chuecas que tropiezo algunas veces, pero no caigo, ya no toco abajo
Tocar. 
Una mesa sobre la vereda, sin nadie que la mire, paso mi dedo sobre la superficie, sin que nadie se entere, disimuladamente, siento la madera, fría, la madera oscura, dura, sucia, con polvo, polvo del aire, del viento, de hojas trituradas por alguien más. Zambullo los dedos en todas las vidrieras, como si no existieran vidrios, toco a las personas que están esperando en la clínica, las galletitas que están hace días en el local que las vende sueltas, la suavidad de los zapatos de terciopelo, o de eso que para mi es terciopelo, siento las zuelas de las botas, el plástico del marco de los anteojos de sol, los cristales de los lentes, zambullo la mano en los freezers de la heladería de la esquina, las lleno de todos los sabores, las congelo con esa materia, con ese hielo de colores, con esos sabores que no saboreo, siento las bolas de chocolate de la crema tramontana, la pastosidad del dulce de leche del banana split, y así, con todas las manos llenas de helado, acaricio la ropa del local de al lado, me limpio las manos, las hago entrar en calor en esas telas tan suaves, tan mullidas, en la rugosidad de las telas, en la calidez de esas prendas, y como si aun no fuera suficiente paso por la perfumería, sintiendo el peso de los perfumes, la resistencia que le hacen esos líquidos a mis dedos, lo aceitosas que me dejan las manos esas cremas. Sigo caminando y ya no me conformo con tocar los negocios, ahora también toco a la gente, la que está en la parada de colectivo, los que están atendiendo, también los compradores y hasta los viejos que están tomando el café a las 8 de la noche, toco todo, siento las texturas, las suavidades, rugosidades, telas gruesas, frinas, rígidas, árboles, ahora también toco las baldosas, siento las temperaturas, vivo, siento, río. Hasta que llego a la plaza, la plaza que es una plaza cualquiera sin mayúscula, sólo una plaza que está en el camino de ningún lado hacia ningún lugar, en la ruta sin fin; una plaza, siento el pasto, me saco las zapatillas, las medias, corro descalza, siento la caca del perro que el dueño sacó a pasear a la plaza a la tarde, la siento sobre la planta de mis pies, y no me importa, siento el barro que se formó porque la canilla de la plaza no cierra bien, siento todo, percibo lo que hay. Y termino, aunque no hay final, no hoy, hundiéndome en la tierra, saboreando el pasto, viendo las estrellas, olfateando la libertad y escuchando la naturaleza. Viviendo.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Gotas de lluvia

La gota de lluvia que te acaricia que te moja, mientras todo se vuelve un caos; las madres gritando a los cuatro vientos que se entre la ropa que está colgada en las sogas del patio donde daba el sol y el aire para que se sequen; los peatones que corren despavoridos en busca de techos que los refugien de la "atroz" lluvia. El comerciante que putea porque junto con el agua se le disuelven las expectativas que tenía de ventas para ese día. Porque cuando llueve la ciudad se paraliza, se detienen las miradas en esas miles de gotitas que se avalanzan sin blanco específico, que caen como paracaídistas sin saber el revuelo que arman, sin esperar que las eviten de diversas formas. Con techos de edificaciones, o techos móviles, sean autos, paraguas, colectivos, capuchas, todos tratan de evitar que esas gotas tan inocentes los toquen.

jueves, 30 de enero de 2014

Un chicle en el mostrador de un negocio. Un chicle que llegó al negocio después de su elaboración, transporte, pedido del comerciante. Un chicle que lo compra una persona cualquiera, lo mastica, hasta que se queda sin sabor, cuando es una goma dura, fea. Un chicle que es escupido, o tirado con la mano en una vereda cualquiera- Un chicle en la vereda, que no lo ves, que está oculto, que está hace unas horas y el sol lo calienta, que termina en la suela de un zapato porque su dueño despistado no lo vió. Un chicle en el mostrador de un negocio.